
Mi psicóloga no me entiende. Empiezo a pensar que no entiende nada. Cómo va a ayudarme si no es ni siquiera capaz de entenderme. Mírala ahí, tomando notas como si cada una de mis palabras fuera un capitulo de un libro sobre mí que está escribiendo. De pronto, me mira y dice, muy seria:
«El problema es su madre»
Me rebelo, rápida: «Olvídese de Freud»
Buen negocio las madres, para los psicólogos. Hala, ya está: la culpa, siempre, es de las madres.(Entre paréntesis, eso dice la mía).
La psicóloga dice que he intentado matarme. A ver, a ver, no lo he intentado. Esta mujer no entiende nada. Lo pensé, compré un cuchillo para cortarme las venas, fui a un sitio solitario, me hice unos cortecitos diminutos en la muñeca. Pero NO LO HICE.
La psicóloga dice que escribí una carta de despedida. Lo sé, lo sé, una carta que entregué a mi madre cuando volví a casa unas horas después de mi breve paseo por la muerte. Esta psicóloga no escucha, no entiende, o qué le pasa. ESTOY VIVA. No ha pasado nada. No sé qué me pasa. Pero
¿Qué tiene que ver mi madre con todo esto?

La psicóloga no entiende nada. Por qué no entiende nada. Por qué. Si, al menos, dejara de tratarme de usted. Quizá si me tratara de tú consiguiera entender algo, la pobre. Isabel, se llama Isabel. ¿Sabrá ella mi nombre sin mirar su agenda minutos antes de que entre a consulta? Qué sabrá ella de mi madre y de mí.
La psicóloga no entiende nada. Mi madre, sentada a los pies de la cama, me explica, cuando vuelvo a casa de mi breve e infructuoso paseo suicida, que NO PUEDO MORIR. No puedo hacerle eso, dice. Se casó por mi, dice. Si me muero, su vida no tendría sentido. Mi madre dice » si te mueres, yo voy detrás». ¿puede haber mayor muestra de amor? . Es la mayor muestra de amor de mi madre hacia mí en toda su vida.
La psicóloga no entiende nada. Dice:
«Una madre te abraza, una madre te pregunta por qué quieres morir, una madre se preocupa si te ve triste».
Definitivamente, esta mujer no entiende nada. Tiene que «arreglarme» a mí, no a ella. Que pregunte a mi madre. Ella sabe que soy una neurótica. Me enseña la enciclopedia que tenemos en casa, gritando, señalando la definición, cada vez que me ve triste

Mi madre quiere ayudarme. Y la psicóloga no entiende nada.
«Cúrame, haz tu trabajo», tengo ganas de gritarle.
Mi madre es buena. Le gusta Eugenio. Eugenio es mi último novio. Esquizofrénico, cuando está muy alterado, agrede a su madre. Cuando su madre no puede más, llama a la Ertzaina para que se lo lleven. Mi madre dice que, si he empezado a salir con él, debo quedarme con él para siempre. Como hizo ella, por nosotros, con mi padre. Mi padre bebía demasiado y ella se quedó con él. Por nosotros. Yo tengo que quedarme con Eugenio. Yo tengo que ser tan buena como mi madre.
La psicóloga no lo entiende. Mi psicóloga no entiende nada. Definitivamente, voy a tener que cambiar de psicóloga.
¿O soy yo la que no entiende? Vosotros, ¿qué creéis?