Se busca al dueño de una pierna amputada


El Boletín Oficial ha resultado ser una fuente inesperada de sorpresas. Nunca pensé que lo diría. Y, si no me creéis, mirad el anuncio que ha publicado al 29 de agosto la edición del País Vasco. Os avanzo ya que si no fuera porque se trata de una publicación seria donde se editan disposiciones oficiales, creeríais que es la revista «El jueves» o «El Mundo Today» el autor de semejante texto. Sólo he echado de menos, en él, un cartel de «Se busca«, al estilo del lejano Oeste. Pero, claro, los boletines oficiales no suelen ir acompañados de imágenes.

El documento, que tiene carácter de notificación oficial, da un plazo de 10 días (hábiles, menos mal) al propietario de una pierna amputada para recogerla y encargarse de ella. De hecho, el aséptico texto (no podía ser de otra forma viniendo de la directora de un hospital) conmina al dueño de la pierna, textualmente, a «proceder a la retirada y gestión adecuada, a través de una empresa funeraria autorizada, de los restos humanos que se encuentran depositados en el Hospital del Bidasoa.» Caso de no hacerlo, además, Doña Eugenia que así se llama la directora, recuerda al amputado (que lleva camino de convertirse en imputado, a juzgar por el tono perentorio empleado en todo el asunto) que «se dará traslado del expediente a los organismos competentes para que se proceda a la incoación, en su caso, del correspondiente expediente sancionador y se inste la ejecución forzosa y a su costa de su obligación de retirar y gestionar adecuadamente los restos humanos de continua mención.» En cristiano: o va y recoge la pierna o se le multa y debe llevársela igualmente. El plazo que se le da, ya digo que son 10 días, es un poco más de lo que te daría el servicio municipal de grúa para retirar tu coche mal aparcado de la vía pública. Pero, claro, no es lo mismo.

No sé lo que pensaréis vosotros. Pero yo, inmediatamente, me he puesto en el lugar del hombre o la mujer, que no sabemos el sexo del desaparecido propietario. A ver, resulta que me cortan una pierna, por lo que sea, y el hospital me dice que me la lleve. Sólo puedo pensar que es una broma. Muy muy pesada. Porque yo no tenía ni idea. ¿Sabías tú que si te cortan una pierna (lo mismo sucederá si el amputado es un brazo, supongo) te lo tienes que llevar a casa? Encima. No puedo imaginar que, además de lidiar con el trauma de quedarte sin un miembro, lo tengas que recoger como una especie de souvenir macabro, un recuerdo innecesario de una experiencia inolvidable, por lo desafortunado.

Pues, una vez enterada, como soy un alma fundamentalmente práctica que se preocupa sobre todo por las cuestiones pragmáticas, se me han planteado varias preguntas de orden práctico. ¿Cómo te entregan el miembro?¿En un táper?¿En una mininevera?¿Envuelto en papel de aluminio, sin más? Otra cosa: una vez recibido el bulto: ¿te lo llevas puesto, guardado en el bolso, y viajas con él en el metro? Es que se me ocurre que si otro pasajero me ve con un brazo suelto a cuestas, corro el riesgo de que me tomen por el descuartizador donostiarra. Eso sí, un descuartizador pelín descuidado. ¿ O puedes mandar un mensajero a recogerlo? Buf, no sé, tampoco creo que se trate de una recogida habitual para ninguna empresa de paquetería, desde luego. Y, otra cosa, una vez que te lo llevas:¿qué haces con él? ¿Lo entierras sin más ceremonia?¿Rezas un responso por su eterno descanso?

Después de saberlo y ante el montón de interrogantes que se me presentan, me planteo tirar por la calle de en medio, es decir, recoger mi miembro y arrojarlo en el primer contenedor que encuentre. No estoy yo ahora mismo, recién amputada, como para pensar qué hago con la pierna que me falta y que, por momentos, me está empezando a parecer que me sobra, dados los problemas que me está dando, una vez separado del resto de mi cuerpo. Pero, primero, no sabría si echarlo al contenedor de orgánico, como una basura más, y además, me da por imaginar que la policía, al encontrarlo, alertado por el personal del camión de la basura, empieza una investigación por asesinato, intentando hallar el resto de los miembros como si de un rompecabezas humano se tratara. Así que desisto, y decido cumplir con esta desagradable obligación que se me acaba de revelar. Antes eso que acabar acusada de un asesinato imaginario, por Dios.

Toca informarse para cumplir con el deber que se me acaba de revelar. Por suerte (el que no se consuela es porque no quiere) es la empresa funeraria a la que contrates la que se encarga de recoger tu pierna. Menos mal, un problema menos. Ahora, te queda decidir si quieres enterrarla o incinerarla. En circunstancias normales, si no has decidido nada respecto a tu postrer destino como ser humano completo(con todas sus piezas, me refiero) se encargan de decidir por ti tus familiares o amigos, dada tu manifiesta imposibilidad de tomar decisión alguna desde el país de los muertos. Pues, por lo que se ve, no hay tanta consideración cuando te cortan un brazo o una pierna.

Ya sólo me queda decidir si enterrar o incinerar mi pierna. La decisión no es sencilla ni baladí. Tampoco barata. La incineración  cuesta alrededor de 1.500 euros con el IVA, mientras que «si uno quiere inhumar una pierna en el panteón donde va a ser finalmente enterrado depende mucho de las tasas de los Ayuntamientos». Vamos, que la broma me va a costar más de 1500 euros si me decido por la incineración. Hasta hay una oferta si en lugar de 1 pierna pierdo las 2. En fin, a estas alturas, por mucho que me ahorre, son 2 los miembros que pierdo, así que estoy contenta de no poder aprovechar semejante ganga. (Entonces, el precio sería 1900, IVA aparte) Acerca del impuesto, tampoco sé si existe la costumbre, entre los funerarios, la posibilidad de hacerte la factura sin el IVA, como cuando viene alguien a hacerte una obra en casa, por poner un ejemplo.

Pero no acaban aquí mis dudas. Si decido enterrar mi pierna, ¿ debo poner una lápida? Es más, ¿ debería avisar a mi familia para acudir al peculiar entierro? ¿ Y poner una esquela para informar a mis conocidos? Todo esto es un lío, la verdad. Al final, me digo que lo mejor será comunicarlo a través del grupo familiar de wasap de los Varela: es lo más rápido y cómodo. Sólo espero que alguno de mis primos no se empeñe en pedirme foto, como hace en caso de cumpleaños o celebraciones varias. No sabría qué mandarle, la verdad. ¿Mi foto sin el miembro y una del miembro aparte? Uf, no sé, estoy indecisa.

Por si tienes curiosidad como yo, te diré que sí, sí puedes hacerle un velorio a tu exmiembro, y hasta pedir a la funeraria de turno que te confeccionen una placa conmemorativa con el texto que prefieras. No sé, algo como «aquí descansa el miembro amputado de Doña Ana Isabel Varela…». Además, dadas las novedades introducidas en el sector funerario (lo cual es normal, porque se trata del negocio más seguro del mundo, ya que está garantizado que nunca va a fallar el «nicho» de mercado, y nunca la palabra nicho habrá sido usada con más oportunidad) hasta te puedes hacer una pequeña joya con los restos de tu amputación.

Todo esto me pasa por ser una buena ciudadana que no quiere ser acusada, como el ciudadano vasco de la noticia, de «desentenderme» de mi miembro amputado. Dios me libre. Acabo por pensar que el Gobierno ( este o cualquiera) en su afán de recaudar, acabará por multarme por haber tenido la mala pata de que mi pierna haya sido amputada. El colmo.

Así que, ya veis, hoy he aprendido algo nuevo. Sólo espero, de corazón, que ojalá no me sea útil jamás.

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