Depresión: cuando has aguantado mucho y te vienes abajo


Seguro que todos hemos leído muchas definiciones de lo que es una depresión. La palabra se usa con bastante alegría para cualquier bajón en el estado de ánimo, cuando la utilizan los que no la sufrieron jamás. Hablan de «depre», como si fuera una amiga. Pero no lo es: una depresión nunca es una amiga. Cuando es por parte de los médicos ( que, generalmente, la conocen solo de «visita» ) tienen que quedarse con la información superficial que les deja ver a la persona depresiva cuando les llega a consulta.

Pero sólo el que ha estado auténticamente deprimido ( no con esa «depre» amiga, sino hundido, tocando fondo de verdad ) sabe qué se siente cuando se está en ese estado. Esa bestia negra, como la llamaba Churchill, no descansa. Quiere arrastrarte hacia la muerte, lo sé. Ese «buitre voraz de ceño torvo», que diría Unamuno, se convierte en tu «único constante compañero».

Todo es feo, todo es negro. Un túnel en el que no se ve la salida. Cuando se ve, es aun peor: morir. Morir para descansar.

Descansar, sí. Porque cualquier cosa se convierte en un trabajo. Levantarse de la cama, por la mañana, el peor, el más difícil. Enfrentar un nuevo día y todo lo que conlleva: lavarse, vestirse, desayunar, el camino al trabajo, el trabajo, hablar con la gente que uno se encuentra…todo es un triunfo…

Uno quisiera ovillarse, como si estuviera en el seno materno y desaparecer. La cama es el sitio más querido. Dormir y, sin embargo, seguir cansado permanentemente.

No encontrar ilusión en nada. Hacer las cosas, cuando se hacen, por pura inercia. Ahorrar energías: no hablar, no moverse.

Levantarse pensando en cuando llegará el momento de acostarse de nuevo.

Sentir la angustia que te sube a la garganta, como algo físico.

No quieres quejarte. Odias a la gente que se queja. No te pasa nada. Repítelo como una «mantra». Igual llegas a convencerte. No sufres, no tienes derecho a sufrir Y, sobre todo, no se lo digas a nadie. Te van a etiquetar. Sabes que te van a etiquetar. La gente con problemas de verdad no tiene tiempo para deprimirse, oirás. Eres una egocéntrica: lo tienes todo, de qué te quejas.

Cómo explicarles que tampoco tú sabes qué te pasa. De golpe, estás triste todo el tiempo. Lloras por cualquier cosa.  O lloras, o te enfadas.

Reconócelo: has querido ser fuerte. Lo has sido mucho tiempo. Tu mente y, sobre todo tu corazón, necesitan un respiro. No mires las imágenes. Esas imágenes que te invitan a morir cada vez con más frecuencia. No te escuches. Ahora, no te preguntes nada. Todas tus respuestas van a teñirse de negro.

Date un respiro. Escúchame. Esto pasará. Créeme. Ve hasta el fondo. Luego, ya, sólo puedes subir a la superficie. Y, por fin, respirar. Lo harás, te lo prometo. Yo también lo hice.

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