Cuando te has pasado la vida callando lo que sientes. Porque sientes que no tienes derecho a quejarte.
Cuando sientes que debes estar bien siempre. Aunque no lo estés.
Cuando te has acostumbrado a sonreír siempre. Aunque no tengas ganas.
A veces. De pronto. Necesitas hablar. Y te pasas al extremo contrario.
Y lo cuentas todo. Sin filtros.
Porque lo necesitas.
Porque las palabras te ayudan.
Porque tienes derecho a estar mal. Y a decirlo.
Porque quieres sonreír. Y reír.
Y las palabras ayudan.
A vivir.
A reírse de una misma
A salir adelante. Renovada. Entendiendo a los demás. Y comprendiendote a ti misma.
Las palabras ayudan. A decir adiós al dolor.