
» Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo, ve por ello y punto.» Se lo dice el personaje de Will Smith a su hijo en la película “En busca de la felicidad”.
NUNCA se lo permitas a nadie. Porque tú decides lo que intentas o no intentas, lo que quieres o no quieres. No les escuches. Porque no todas las voces merecen ser escuchadas. Sé lo que te dicen. A mí también me lo han dicho.
Te dirán, en el trabajo, que cumplas tu horario y punto. Que no acostumbres mal a los jefes. Que no corras tanto. Que no trabajes tanto, que no aportes ideas, que cumplas lo justo (y un poquito menos, si puede ser) y punto. Que nadie te lo va a agradecer. Y, la frase definitiva, que no te pagan por pensar. Se burlarán de ti, si lo haces: si aportas algo nuevo, si trabajas más que la media. Te dirán que es” como en la feria de Valverde, que el que más pone es el que más pierde”. Y te soltarán un lapidario, tajante, rotundo “ nadie es imprescindible”( en cierta ocasión, se lo devolví a quien me lo decía y dijo: “ ah, pero yo sí lo soy”. Curioso,¿ no?)
Intentarán desanimarte si quieres estudiar algo nuevo: da igual lo que sea: una promoción en el trabajo, una carrera, una nueva habilidad, aprender a hacer algo que no sabes. Eres demasiado mayor, te dirán. Ya tienes que ir pensando en la jubilación. No te esfuerces, ni lo intentes. “Para qué, qué pereza” . Qué ganas de “complicarte la vida”.
Te cuestionarán si intentas cambiar de trabajo, porque no te gusta lo que haces. “Qué más da, todos los trabajos son trabajos”. (Permítete dudar de que trabajar sea lo mismo para quien trabaja en el engranaje de una máquina, repitiendo día tras día el mismo movimiento, sin crear ni poder aportar nada, que para un escritor, un actor, cualquier creador o un psicólogo, que puede ayudar a los demás. «Limítate a disfrutar del fin de semana o de las vacaciones«. Es lo que hacen ellos: vivir a ratos.
Te retarán, si intentas cambiar algo. Pero «si eso siempre se ha hecho así», te dirán. Como si el hecho de que algo se haya hecho durante mucho tiempo de una forma determinada lo convirtiera en incuestionable o en infalible.
Intentarán, en suma, que no te salgas del camino, que vayas siempre por los mismos sitios, que no pruebes cosas nuevas. Oirás el muy español “ que inventen ellos”.
Te dirán que no puedes separarte. Que llevas mucho tiempo con la misma persona. O que llevas poco, y no te ha dado tiempo a saber lo que quieres. Que adónde vas a ir, que qué vas a hacer. Que tampoco estás tan mal. Que una separación es mala, que es peor que una infelicidad permanente… total, a esa ya te has acostumbrado… Que ya eres poco menos que “un desecho de tienta”. Que no vas a encontrar nada mejor. Que ya nadie puede enamorarse de ti. Que ya no estás en el mercado. Es mentira: siempre estás en el mercado. De ocasión, de rebajas o de segunda mano, si tú quieres y te comportas como tal. De primera mano y con toda las ganas del mundo, si tienes ilusión. ¿Sabes qué pasará si los escuchas? Que te quedarás donde no quieres estar.
Te dirán que tienes más de 40 años. No puedes ponerte una minifalda o un pantalón corto, y ya puedes ir arrinconando el bikini. También tienes que teñirte el pelo de un color discreto. “A nuestra edad, ya, discreción”, te dice una compañera a la que confiesas que te apetece teñirte de rubia a lo Marilyn. Y acabarás por no vestirte como quieres, sino como te dicen que debes hacerlo, con tu caoba apagado de serie B con el que te limitas a cubrir tus canas y usarás un maquillaje discreto que intenta ocultar tus defectos. Tienes que tapar, ocultar, lo que no te gusta de ti ( y cada vez es más lo que no te gusta y cada vez te gustas menos a ti misma). Empezarás a acomplejarte. Con tus kilos de más. Con tus años de más. Con tus arrugas, con tu carne menos firme. Y llegará el día en que te duches a oscuras por la mañana, por no mirarte en el espejo y en que pases de largo ante el espejo, que se ha convertido en el enemigo que te recuerda que no tienes 20 años. Y qué. El escritor, pintor y comentarista Juan Adriansens dijo, en una ocasión, “¿desde cuándo la perfección nos pone cachondos?”. Envejecerás antes, a fuerza de perder la ilusión, el coraje y las ganas. Vas a envejecer igual. Pero no me dirás que no prefieres hacerlo riendo a carcajadas.
Te dirán que tu risa es demasiado fuerte. Que como tú te ríes, a carcajadas, sólo se ríen los tontos o los locos. No, hay alguien más que ríe así, con todas las ganas del mundo: los niños. No lo olvides.
Te dirán que tu vida ya está escrita, que no puedes cambiarla. Que TÚ mismo no puedes cambiar. Que los actos tienen consecuencias. Que tu manera de ser te ha llevado al lugar donde estás. Y que no puedes cambiar. No puedes cambiar el pasado y, peor aún, no puedes cambiar el futuro. No tienes futuro. Escucha a Serrat. A él tampoco le importa: se trata de cambiar para ser más feliz. ¿Puede haber mayor motivo?.
Te dirán que tu vida ya está marcada, que no puedes romper con todo y empezar de nuevo. Lo peor que te puede pasar es que los escuches. Lo creerás y esa creencia te impedirá ni siquiera intentarlo. Te aplastará pensar lo imposible que es. No puedes cambiar. Estás atrapado.
Y, sin saber cómo, acabarás por escucharles y empezarás con los temibles “¿Y si?”
- ¿Y si tuvieran razón?
- ¿Y si soy muy mayor?
- ¿Y si fracaso?
- ¿Y si no lo logro?
- ¿Y si me equivoco?
No escuches esas voces. No las asumas como tuyas. No actúes como si fueran la verdad absoluta. Yo tengo un nuevo ¿Y si? para ti y para mí, también:
- ¿Y si lo intentas?
Enamórate otra vez.
Busca otro trabajo.
Haz las cosas que te gustan porque sí, sin más. Porque te gustan.
Al menos, inténtalo. A lo mejor no lo consigues. No pasa nada. Lee a Benedetti. Nadie te lo va a decir mejor que él, mi querido Benedetti.
