Cabizbajos, concentrados en nuestros móviles y tablets , conectados virtualmente, pero sin mirarnos a las caras los unos a los otros. Ignorándonos los unos a los otros, cuando no directamente hostiles. Enfadados, con caras tristes, dormidos, agotados desde primera hora de la mañana.
Será el día de la sonrisa, pero la debemos llevar todos por dentro, no puedo evitar pensar. Por qué no nos miramos. Por qué estamos tan tensos todos. Por qué parecemos tan dispuestos a pelear por todo: por el asiento, por el sitio en que nos colocamos delante de las puertas. Se refería Sabina a esto cuando cantaba Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid. Mira que lo dudo.