De Eduardo Mendoza, el premio Cervantes, y de cómo algunos libros te pueden salvar la vida


Cuando supimos que le habían dado el premio Cervantes a Eduardo Mendoza, algunos aficionados a la buena literatura suspiramos de alivio. Confesémoslo: después de que a Bob Dylan le dieran el Nobel de Literatura sin haber escrito más que su autobiografía y  un poco conocido/leído libro de «prosa poética«, cualquier cosa era posible. De hecho, estoy segura de que a algunos de nuestros cantautores, ilusionados con correr la misma suerte que el Nobel literario de este año, se les hacían ya los dedos huéspedes, saboreando en su imaginación, propia del ganador final del premio, los 125.000 euros con que el Cervantes está (muy bien) dotado. Los aficionados a la literatura de libro (llámanos clásicos), en cambio,  esperábamos que el fallo del jurado, esta vez, no fuera un fallo, en el peor sentido de la palabra.

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Eduardo Mendoza es un escritor, qué duda cabe. Antes de que le dieran el Planeta por «Riña de Gatos»; mucho antes de que ganara el Franz Kafka por su trayectoria literaria, y muchísimo antes de recibir este merecidísimo premio Cervantes, en mi imaginación, yo le había concedido todos los premios literarios existentes, incluido el ahora devaluado, por cuestionado, Nobel. Lo hice el día que lloré de risa con «El misterio de la cripta embrujada». Y, si me quedaba alguna duda, se desvaneció cuando una frase en uno de sus libros me devolvió a la vida. Con una sola frase, Eduardo Mendoza me salvó la vida.

«Ahora todos aquellos años se habían deslizado inútilmente«

La frase la pensaba Delfina, el un poco melancólico y un mucho lastimoso personaje femenino de «La ciudad de los prodigios». Verse reflejado en el protagonista de una novela no es extraño. Pero si te ves a ti mismo en un personaje de folletín, empiezas a preocuparte. Esa sola frase me hizo darme cuenta que la imaginación y la realidad son cosas muy distintas. Que por mucho que quieras a alguien, eso no implica ser correspondido por el otro. Que te puedes pasar la vida esperando que suceda algo que jamás va a ocurrir. Y que, mientras tú esperas, la vida correo deprisa, sin pararse a esperarte a ti.

Para todos los que sabemos meternos en un libro y dejarnos llevar por él, la  vida es mejor de la mano de los libros. Un libro, un buen libro, te hace pensar y te hace sentir. No es verdad que una imagen vale más que mil palabras. No lo es. Porque, si las palabras han sido escritas por un buen escritor, no hay imagen que pueda suplirlas. Nada hay más evocador que tu propia imaginación, guiada por un buen escritor. Las palabras en los libros provocan tus propias imágenes: tuyas exclusivamente. Y es tan difícil que la imagen que se hace el director de la película sea precisamente la que tú has creado en tu mente que coincidir en eso sería prácticamente imposible. Por eso, una película no puede alcanzar jamás al libro que le dio origen. O el libro es muy malo o la película muy buena: una de dos.

Una infancia llena de pobreza material en la siempre lluviosa Irlanda no le impidió al escritor de «Las cenizas de Ángela» ,Frank Mac Court, poner poner en boca de uno de sus maestros una frase llena de amor por los libros y el conocimiento:

«Amueblaos la mente. Es vuestro tesoro, y nadie en el mundo puede entrometerse en ella. Si os tocase la lotería y os compraseis una casa que necesitase muebles, ¿la llenaríais de trastos viejos de la basura? Vuestra mente es vuestra casa, y si la llenáis de la basura de los cines se os pudrirá en la cabeza. Podéis ser pobres, podéis tener rotos los zapatos, pero vuestra mente es un palacio. «

Gracias a Shakespeare, entre otros, el niño Frank escapó de su miserable vida con la imaginación, primero. Y, en un barco, rumbo a otra vida mejor, después.

Y es que leer te abre los ojos y la mente. La lectura te hace que reflexiones primero, que no te conformes después, y que te rebeles contra lo injusto, más tarde. En los libros encontrarás frases, las frases de tu vida, que te harán pensar que el escritor ha vivido tu vida y sabe expresar lo que sientes, mejor de lo que tú podrías hacerlo jamás. Si la televisión te distrae, te adormece y evita que pienses en lo que de verdad importa, mientras te engancha con programas de presunta telerrealidad ( siempre nos quedará el Gran Wyoming o el «Salvados» de Jordi Évole, por fortuna), leer puede salvarte la vida.

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Frank Mc Court fue rumbo a América. Pero los libros pueden llevarte a cualquier parte. A un mundo mejor. Porque es verdad lo que decía la canción de aquel programa televisivo: Todo está en los libros.

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Sugerente imagen del blog de Pulo: loscuatroelementos.wordpress.com

O, en palabras de Lisa Simpson:

lisa

 

 

 

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