Sobrevivir con 400 euros al mes.


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Salario social, renta mínima de inserción, ingreso mínimo de solidaridad, renta de garantía de ingresos, renta de integración social… El nombre que recibe la ayuda con la que las Comunidades  impiden que cada vez haya más gente pobre es distinto en cada autonomía. El fin, idéntico en todas: conseguir que la gente sin recursos viva con dignidad y prepararles para  que vuelvan a encontrar trabajo. Que lo logre, es, hoy por hoy, pura utopía.

A finales de los 80, cuando se creó el salario de pobreza , se aspiraba a un mundo sin pobres. Los políticos ochenteros esperaban que la gente sin ningún ingreso tuviera una ayuda, algo que le permitiera vivir dignamente. Hoy,  sin embargo, se calcula que hay más de 600.000 hogares que viven sin ningún ingreso. Otros 800.000 sobreviven de las ayudas autonómicas.

BORJA

Actualmente, el salario autonómico sólo pretende garantizar las necesidades básicas de los que lo perciben. Lo saben los asistentes sociales, que se ocupan en casi todas las comunidades de gestionar estas ayudas, de informar, de asesorar a los que nada o casi nada tienen. Esas personas que trabajan en los servicios sociales y que han acabado por ser hadas madrinas a los ojos de los desesperados. «Creen que tenemos la solución para todo cuando realmente es muy poco lo que podemos arreglar, desgraciadamente», se lamentan algunas. Impotentes al ver que, casi siempre, la coordinación entre los servicios sociales y los organismos de empleo es nula. Y que, por eso mismo, los proyectos de inserción, los planes individualizados para no cronificar las situaciones, los convenios entre los que perciben las ayudas y los que las dan, todo eso tan bonito que entraba en los planes para insertar en el mercado de trabajo a los que se habían quedado sin él y, mientras tanto, ayudarles, todo eso es, hoy por hoy, agua de borrajas. Ya solo se trata de dar de comer a los que nada tienen.  Desgraciadamente, muchas veces, las ayudas no llegan ni para eso tan básico que es alimentarse.

Las rentas de inserción autonómicas son el último recurso, la salida para aquel al que no le queda otra, una vez agotados todos los subsidios de desempleo, todas las ayudas oficiales. Pero no basta necesitarlo, también hay que cumplir los requisitos para su concesión. Requisitos que eran (y siguen siendo) muy estrictos. Se requiere una residencia en la comunidad de que se trate que oscila de un año a 3 (según comunidades), vivir en un hogar independiente y tener unos ingresos inferiores al salario social. Y, además, no disponer de bienes patrimoniales de los que se deduzca la existencia de medios suficientes para la subsistencia.

La cantidad que recibe una persona sola está alrededor de los 400 euros, con las únicas excepciones de País Vasco y Navarra,donde las ayudas rondan los 600 euros. Y con ese dinero, hay que comer y pagar el alquiler del piso o la habitación que comparten o la hipoteca.

Por eso, a pesar de la generosidad del Gobierno Vasco, a Mikel no le cuadran las cuentas. Desde hace unos años, desde que agotó todos los subsidios de desempleo tras quedarse en paro, Mikel vive de la Renta de Garantía de Inserción (RGI) que le da el Gobierno Vasco. Cobra 400 euros de la ayuda más un complemento para el alquiler de 250 euros. A ese total nada despreciable de 650 euros hay que restarle el alquiler. Mikel paga por el cuchitril donde vive 485 euros mensuales. Pero es que no hay alquileres más baratos en el País Vasco. Al final, le quedan al mes 165 euros. Y ni siquiera esos le quedan enteros, libres, para comer, porque aun debe pagar la luz y el agua. Mikel hace años que no se compra ropa. Después de 7 años sin trabajo, es un lujo que no puede permitirse.

Mikel saca para el tabaco paseando los perros de amigos y conocidos a cambio de un paquete de cigarrillos. Sus amigos le invitan a un café, de vez en cuando. Y va a casa de su madre más de lo que quisiera para poder comer. Sí, es verdad, tiene esa mala costumbre de querer comer todos los días.

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Detrás de las cifras, de las frías cifras, se ocultan muchos dramas. En la misma situación que Mikel, están, en toda España,  el 65% de los que cobran la renta de inserción. Sólo unos pocos (el 35%) viven en pisos ya pagados o cedidos, lo que les permite ahorrarse los gastos de alquiler o hipoteca.  Para Mikel y para la inmensa mayoría de los que viven de esta ayuda, que ya sólo aspira a tener un carácter puramente alimenticio, la verdad, la pura verdad, es que no les da ni para comer.

Casi todo está fuera de alcance de quien vive con el salario social. Desde las medicinas, hasta ir al dentista pasando por comprarse unas gafas o llevar al perro al veterinario, si lo tienes. Aprenden a vivir estirando el dinero hasta límites insospechados. Pero viven al límite, siempre al borde del precipicio. Solo el apoyo familiar y el de los amigos les permite hacer algo más que subsistir. Un apoyo que tiene que ser siempre en especie y, sobre todo, llevarse en secreto. Si un familiar tiene la brillante idea de pasarte algún dinero de vez en cuando, automáticamente estarás bajo sospecha. No olvides que tienes que explicar todos los ingresos que recibes y que debes presentar tus certificados bancarios. Así que, al final, una de dos: o se te restará la ayuda de la que percibes (con lo que el apoyo familiar no te habrá servido de nada) o se te suspenderá del todo el salario. Tenlo claro: si alguien de tu familia puede ayudarte, el Gobierno no tiene por qué hacerlo.  Lo dice muy claro una de las normas que regula la llamada RISGA  en Galicia: si alguien tiene la obligación legal de mantenerte, no se te concederá la ayuda. (Que el que tiene la obligación de sostenerte lo haga o no, es otra cuestión). Además, sobre los que cobran el salario social sobrevuela la permanente sospecha de vivir del cuento o de sobrevivir en la economía sumergida. Ya lo dijo cierto político del PP asturiano: «claramente es imposible vivir con 400 euros al mes» .

La meta inicial ha quedado muy lejos. Se trataba de ofrecer una ayuda a los que no tienen nada y, sobre todo,  ayudarlos a volver a entrar en el mercado laboral. Era una «prestación pública destinada a garantizar recursos económicos de subsistencia a quien carezca de ellos, así como alcanzar progresivamente su autonomía e integración social y laboral» .Y esa última parte dista mucho de cumplirse. Y quien vive del salario social lo que quiere es dejar de hacerlo y encontrar trabajo.  Cuanto antes, mejor.

Gasto anual en RMI
Fuente: Datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad correspondientes al último informe elaborado. En 2015, 1.359.577.190,18 es el dinero que han gastado las Comunidades Autónomas en estas ayudas

 

Beneficiarios RMI
Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 789.672 personas viven de la renta mínima de inserción.

 

Comunidad Autónoma Ayuda económica* Duración de la ayuda*
Andalucía 400 euros 6 meses
Aragón 441 euros 12 meses
Asturias 442 euros Sin límite
Baleares 426 euros 12 meses
Canarias 472 euros 12 meses ampliable hasta 24
Cantabria 426 euros 12 meses con posibilidad de
renovación
Castilla-La Mancha 372 euros 6 meses prorrogables hasta 24
Castilla y León 426 euros Sin límite
Cataluña 423 euros 12 meses prorrogables hasta 60
Comunidad Valenciana 338 euros 36 meses
Extremadura 426 euros 6 meses prorrogables sin límite
Galicia 399 euros 12 meses
Madrid 375 euros Sin límite
Murcia 300 euros 12 meses
Navarra 548 euros 6 meses hasta 30
País Vasco 665 euros 24 meses
La Rioja 399 euros 6 meses hasta 24

*Cuadro resumen orientativo. Fuente: Blog Cita previa Inem

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