República independiente catalana. El nacionalismo o cómo es la vida en una realidad paralela


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Anuncio en TV3 del mensaje de Puigdemont, ya destituido

Con Puigdemont ejerciendo de presidente de la Generalitat en el exilio y consiguiendo hacer internacional el conflicto catalán, el último capítulo del culebrón independentista aun está por escribirse. Mientras tanto, lo que ya empieza a estar claro es que los independentistas catalanes viven en una realidad paralela. Sí, la vida en la República independiente catalana es diferente. Al menos, a ojos de los independentistas catalanes. Definitivamente, Puigdemont y compañía viven en una realidad alternativa. Las particulares gafas para ver el mundo que usan los independentistas les hacen verlo todo diferente: desde la geografía hasta la lengua, pasando por la Historia y el conocimiento del medio e incluyendo la genética. Incluso las matemáticas, aparentemente frías y objetivas, cobran nueva vida en esta realidad paralela independentista.

 

 

Es distinta la geografía, qué duda cabe. Empezamos por la interpretación de qué es Cataluña. Para los españoles que hemos estudiado geografía clásica, Cataluña son 4 provincias: Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida. No así para los independentistas. La definición de los Países Catalanes para la CUP es bien distinta:

  «Los Países Catalanes somos una nación histórica dividida entre los estados de        Francia y Andorra. Comprende los territorios conocidos como País Valenciano, sus  Islas, Cataluña y La Franja dentro del Estado español; Cataluña Norte dentro del Estado  francés, y el propio Principado de Andorra»

Un mapa que comparten los libros de texto catalanes, por si había alguna duda.

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Libro de texto catalán: imagen de los Países catalanes

Y que difunde la televisión autonómica catalana, añadiendo, además, un nuevo reino: el catalano-aragonés. Vamos, que ya pueden andarse listos los valencianos y los baleares que, sin comerlo ni beberlo y, sobre todo, sin preguntarles nadie qué opinan, pueden acabar formando parte de los Países Catalanes.

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Y mientras los Países catalanes se expanden en el imaginario independentista y muchos españoles ya vamos perdiendo la cuenta de las provincias que componen Cataluña, la Historia también tiene tintes creativos. Creatividad que, como poco, cabrea a los aragoneses, que, legítimamente, se sienten salpicados cuando se habla de un reino catalano-aragonés que jamás existió, salvo en la imaginación de los independentistas.

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Libro de texto catalán hablando de la inexistente corona catalano-aragonesa

También la genética es interpretable. Y cuando algunos ya nos habíamos olvidado del RH negativo con que los nacionalistas vascos decían que se distinguía a los vascos de pura cepa, va Oriol Junqueras y se descuelga con un toque sui géneris de genética, diciendo:

 «Los catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles,  más con los italianos que con los portugueses y un poco con los suizos. Mientras que los  españoles presentan más proximidad con los portugueses que con los catalanes y muy  poca con los franceses.»

Sin embargo, aun teniendo esta concepción de qué es Cataluña, el derecho a la autodeterminación de 4 provincias ha excluido  de la decisión de si quieren o no ser independientes y de si desean o no incluirse en el estado catalán por crear a valencianos, baleares, andorranos y catalano-franceses que viven ignorantes de su catalanidad.

Pero no solo les ha excluido a ellos. Hay que tener en cuenta que las matemáticas en la República independiente catalana son muy distintas. Por eso, declaran unilateralmente la independencia diciendo que un 90% de los parlamentarios catalanes han votado que sí a esta declaración.  Para aquellos a los que nos enseñaron a hacer reglas de 3 en las matemáticas convencionales, 70 síes sobre 135 parlamentarios, no llega ni al 52%. Pero, claro, son matemáticas clásicas, sin creatividad alguna.

Y ¿qué podemos decir de la realidad lingüistica en Cataluña?. Pues que según un estudio de la propia Generalitat: «el catalán es el idioma habitual del 36,3% de la población de Catalunya, mientras que el castellano lo es para el 50,7% de los habitantes de Catalunya«. Sin embargo, en las escuelas, es el catalán el que se usa como lengua vehicular. Y ¿qué quiere decir eso?. Pues que la enseñanza de las asignaturas se recibe en catalán. Lo dice muy claro el Estatuto:

  «Las actividades educativas, tanto las orales como las escritas, el material didáctico y  los  libros de texto, así como las actividades de evaluación de las áreas, las materias y  los módulos del currículo, deben ser normalmente en catalán, excepto en el caso de las  materias de lengua y literatura castellanas y de lengua extranjera».

Ellos dicen que»la experiencia demuestra que una persona que sepa castellano tarda menos de 15 días en estar en condiciones de entender a alguien que habla en catalán. Y, por poco que se dedique, en muy pocas semanas ya sabrá hablarla y, casi sin darse cuenta, habrá aumentado su capital cultural«. En definitiva, dicen, «casi todos» hablan catalán. Pero los mapas dicen algo bien distinto. (Eso, por no entrar en los puntos adicionales que se obtienen por el catalán en la oposición a una plaza pública en Cataluña) Y no es nada extraño, en una Tierra que ha acogido, tradicionalmente, a muchos emigrantes.

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Porcentaje de población que tiene el catalán como lengua habitual. Fuente: La Vanguardia

Eso, por no entrar en la vieja guerra catalán-valenciano. Que el valenciano sea una variedad del catalán es, como poco, materia de discusión desde hace años no sólo en corrillos, sino que ha llevado, en su momento, para dilucidarlo, a academias de la lengua e incluso a los tribunales. Y, si escuchamos a los valencianos,  «El habla de los valencianos, que parte sin duda de la más profunda prehistoria, se escribe ya desde el siglo VI antes de Cristo con el lenguaje ibérico y, después de las aportaciones sucesivas a partir de las fenicias, griegas y latinas, ha llegado a nuestros días en la forma en que lo conocemos».

Si la Historia antigua es recreada, qué decir de la contemporánea. Puigdemont ha creado una página de presidente en el exilio. Quizá convendría consultar el diccionario para saber qué es exiliar. Pues está bien claro. Exiliar es » expulsar a alguien de un territorio«. Y aquí, que sepamos, no se ha echado a nadie. También significa: «expatriarse, generalmente por motivos políticos» . Y, aunque caben muchas interpretaciones, lo cierto es que en España, hoy por hoy,  no hay motivos políticos para marcharse. Como mucho, motivos judiciales o legales. Lo malo es que, a estas alturas del vodevil, igual hay que explicárselo a los belgas.

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Página de Puigdemont, de Presidente en el exilio

Pero es que el lenguaje del expresidente Puigdemont ha entrado ya en la modernidad de la posverdad, en la que va camino de convertirse en un maestro. Un lenguaje tramposo en el que no se miente del todo pero tampoco se dice toda la verdad. Apelar a las emociones y al victimismo da resultado casi siempre. Por eso habla de ofensiva contra el pueblo catalán, erigiéndose en su único representante. A pesar de los resultados, bien divididos de las últimas elecciones catalanas.

 

 

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Y por lo mismo, dice que es el presidente legítimo. Y lo era, porque ganó unas elecciones, pero ha dejado de serlo porque, saltándose la legalidad española, ha sido destituido por un Gobierno que, nos guste o no, ha sido elegido democráticamente. Y habla de la demolición del sistema institucional catalán. Y no le falta razón, pero olvida que su sistema iba contra el sistema de la mayoría española y contra no pocos catalanes.

Y entre mentiras, verdades y posverdades, sobrevuela la sombra  de que España  no es demócrata, por un lado.  Y de que ellos son perseguidos por querer cumplir su programa electoral, por otro. Vamos a tener que dar la razón al Wall Street Journal que, en una editorial, dice:

«el mundo está patas arriba cuando un líder electo que exige el cumplimiento de una constitución democrática es acusado de dar un golpe de estado, pero eso es lo que ha ocurrido en Cataluña este mes».

Porque eso es lo que ha pasado. Lo demás, forma parte de una realidad paralela e inventada que nadie más que los independentistas es capaz de ver. 

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Twitter de Carles Puigdemont. President del Govern. Gobierno sin Gobierno y desde Bruselas, cabría decir.

El problema con Cataluña, es cierto, no acaba aquí. Faltan muchos capítulos por escribir. Pero habrá que escribirlos entre todos. Catalanes y españoles. Con luz y taquígrafos. Sabiendo qué se vota, para qué y por qué. Y eso, aun, está por decidir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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