España, el paraíso europeo del turismo sexual.


 

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Ilustración de Ben– @BenBrutalplanet

Que España es un país de turismo lo sabíamos todos. Hasta ahora, ofrecíamos sol y playa. Poco más. Pero, en los últimos tiempos, nos hemos especializado. Mercadeamos con la carne humana.  En la lista de los  10 países más populares del mundo para el  turismo sexual , España ocupa el puesto número 3, sólo por detrás  de Tailandia y Brasil. Tenemos el dudoso honor de formar parte de ese podio. Y de ir por delante de países como  Indonesia, Colombia, Filipinas, Kenia, los Países Bajos, Camboya y la República Dominicana. Somos, además, el paraíso sexual de Europa. Los extranjeros pueden venir a Madrid a conocer el Prado; a Barcelona, a admirar el parque Güell,  a Bilbao,  a visitar el Guggenheim o a Sevilla a disfrutar de la Giralda. Pero los turistas vienen a vernos, cada vez más, para ir de putas.

En España, la prostitución está por todas partes.  Las cifras más prudentes cuentan que en nuestro país, hay 45.000 mujeres ejerciendo la prostitución (datos del Centro de Inteligencia contra el crimen organizado). El Congreso de los Diputados las cifra en 100.000 y hay ONGS que hablan de 300.000. Lo de menos, quizá, es el número.

La realidad, la  puta realidad, es que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España lo hacen obligadas. Son esclavas sexuales en pleno siglo XXI. Mujeres que se convierten en mercancía a la venta, pura carne de ser humano en oferta. Porque hablar de prostitución en España, hoy,  es hablar de trata de mujeres. Mujeres que son, en su inmensa mayoría, víctimas  de la trata de seres humanos.

Pobres, inmigrantes y en situación irregular. Y cada vez más jóvenes. La mayoría no supera los 22 años. Y muchas son, directamente, menores. Búlgaras, rumanas, holandesas, húngaras, polacas. Y nigerianas, brasileñas, chinas y hasta vietnamitas y rusas. Ellas no han venido a hacer turismo. Buscaban escapar de la miseria, huían de la pobreza de sus países. Seducidas con el gancho de un trabajo en un país desconocido y más rico, son captadas,  transportadas o alojadas mediante engaño.  Y acaban en España, que se ha convertido, para nuestra vergüenza, en el primer país europeo de tránsito y destino de mujeres con fines de explotación sexual.

Ejercer la prostitución no es delito en España. Gracias a eso, España se ha convertido en un paraíso sexual. Para un europeo medio, hacer turismo sexual en España es muy barato. En ese campo, por desgracia, los precios españoles son muy competitivos.  Así las cosas, la prostitución se ha convertido en un gran negocio, qué duda cabe. Según nuestro Gobierno, representa el 0.35% de nuestro Producto Interior Bruto. En dinero, 3.700 millones de euros. Un negocio del que muchos sacan tajada, directa o indirectamente y en el que la prensa también es cómplice. Han pasado más de 10 años desde que el Congreso, en 2007,  invitara a los periódicos a suprimir los anuncios de contacto.  Y  hemos necesitado llegar a 2018 para que se cree un Frente mediático andaluz contra ellos y para que una veintena de medios andaluces haya suscrito un documento impulsado por la Junta que los compromete a no publicar contenidos que promocionan la trata de mujeres.

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En nuestro país, las putas no están expuestas en escaparates, como en Ámsterdam. Aquí, muchas calles son su  particular vitrina. Eso, sin contar con los más de 3.000 clubes de alterne que salpican la geografía española de norte a sur y de este a oeste. Hay prostitución por las calles. Barrios céntricos convertidos en guetos donde conviven putas y yonkis. Y edificios enteros de viviendas reconvertidos en improvisados  burdeles. Polígonos industriales donde el sexo  a plena luz del día es algo sórdido,  triste y cotidiano. No hay carretera sin su club con el inevitable luminoso rojo, ni aldea  sin su puta particular. Más de una vez encontrarás folletos en el parabrisas de tu coche ofreciéndote sus servicios. Y si buscas masajes, te puedes cruzar con sugerentes muchachas de todo tipo, raza y color que convertirán tu concepto de la fisioterapia en algo nuevo y desconocido.

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La prostitución no está oculta. Sin embargo, los seres humanos que la practican son, para la mayoría de nosotros, seres humanos invisibles. Nos convertimos en ciegos voluntarios, porque no queremos verlas. Olvidamos que la trata de mujeres se da porque existe la prostitución. Y la prostitución sigue viva porque la demanda no cesa. España es el país de Europa donde más puteros hay. Uno de los 3 primeros países del mundo en demanda y el primero en Europa. El 39% de los hombres españoles ha ido de putas alguna vez. Los clientes no son seres depravados, extraños hombres fuera de la normalidad. La mitad, tienen pareja o están casados. Hoy en día, su edad está entre los 19 y los 22 años. Para las pandillas de chicos, ir de clubs forma parte de su ocio.

Hay quien dice que ser puta es un oficio como otro cualquiera. De hecho, en España hasta pueden ser autónomas porque existe la categoría de trabajadora sexual.  Argumentan algunos que ejercer la prostitución es igual que ser médico, arquitecto o abogado. Parece que preferimos quedarnos con la imagen sonriente de esa Julia Roberts de Pretty Woman, encantada de  ir de compras del brazo de un caballero trajeado y encantador más parecido a un mecenas que al chulo de putas real, nada dado al mecenazgo. Pero si preguntas a una niña qué quiere ser de mayor, te puede contestar muchas cosas. Enfermera o médica, ama de casa o madre. Si es más moderna, quizá te diga que quiere ser youtuber o influencer. Y si le gusta la televisión, a lo mejor aspira a ser tertuliana en Sálvame o concursante de Gran Hermano o Mujeres y hombres y Viceversa o, simplemente, famosa.  Todo es posible. Lo que ninguna chica te dirá es que sueña con ser puta. Porque nadie nace siendo puta. Solo por eso, ninguna mujer debería verse obligada a vender su cuerpo para sobrevivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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