Bienvenidos a mi vida, gente buena


Me gusta la buena gente porque quiero ser buena gente. Por eso, os doy la bienvenida a mi vida, gente buena. Sólo a vosotros os quiero a mi lado. Porque es bonito recorrer el camino que es la vida, no siempre fácil, junto a vosotros. Porque he descubierto que lo que has vivido, por malo que haya sido, no te convierte en buena persona. Lo que te convierte en buena persona es el deseo, por encima de todo, de no querer hacer daño a nadie. Ni siquiera cuando te lo hacen a ti. Y eso es muy difícil. Mucho.

Por eso, si estás en mi vida, es porque creo que eres buena gente. Me apartaré de ti si creo que no lo eres. No me voy a apartar porque me crea mejor que tú. Eso no. Pero sí porque aspiro a serlo. Quiero ser una persona muy particular. Una persona buena. Si estar junto a ti me hace ser peor, no lo dudes, me apartaré de ti, te apartaré de mi vida.

No me gusta la mala gente. No me gusta la gente que hace daño aprovechando su poder. Que abusa de los ancianos que no pueden defenderse, o de los niños que dependen de ellos, o de los animales, indefensos, y que sólo esperan y dan amor. Y abusar no es sólo golpear. también lo es sentarte a una mesa a comer todos juntos y negar la comida a tu suegra, que depende de ti, porque estás enfadada con ella, porque está enferma, porque no quieres ocuparte de ella pero tienes que guardar las apariencias.

No me gusta la gente mala, gente que te exige respeto, pero te lo niega con sus actos. Que con cada una de sus palabras te asesta una puñalada y sonríen y disfrutan mientras te ven sufrir. Han ganado una batalla que tú no acabas de entender. Que usan sus silencios «para que aprendas», para que te amoldes a lo que quieren que seas, lo quieras tú o no, te haga daño o no lo que esperan de ti.

No me gusta la gente mala, los padres que ponen a su hija de foto de perfil de wasap, pero le niegan la pensión alimenticia, diciendo que son sus madres las que se «lucran» de ella. O que jamás van a verla, porque siempre tienen algo mejor que hacer. Cosas muy importantes, sin duda: hay que ir al gimnasio, hay que aprender programación, hay que preparar oposiciones. Y, un día, encuentran una hija que ya no es una niña y, oh, sorpresa, se encuentran que es ella la que tiene cosas mejores que hacer que ver a ese padre siempre ausente. Y se extrañan.

No me gusta le gente mala, las madres que dicen querer a sus hijos más que a nada en el mundo, pero les niegan el derecho a ver a sus padres. O a sus abuelos. O a sus tíos.Y les cuentan historias de viejos rencores, sus rencores, mientras son niños, y los envenenan en contra de sus padres o sus abuelos o sus tíos, sin saber que, tarde o temprano, eso puede convertirse en un boomerang que las golpeará sin piedad cuando su hijo crezca, y pregunte y piense por sí mismo.

No me gusta la gente mala, las personas de la familia que no te quieren en vida mientras vives, que te arrancan literalmente de las fotos familiares, que te bloquean en el teléfono o en el Facebook, que te rechazan y te menosprecian toda la vida, pero, si mueres, van a la Iglesia a poner velas en tu memoria y colocan tus fotografías en un lugar preferente en sus cómodas y dicen «mira qué guapo está en esta foto» cuando jamás te miraron a la cara estando vivo.

No me gusta la gente mala, las personas que creen que está bien hacerse rico a costa del sufrimiento y la pobreza de los demás, a costa de pagar miserablemente a sus empleados para obtener más ganancias, aunque su nombre aparezca ya en la lista de hombres más ricos del mundo. No, no me gusta la gente que cree que el fin justifica los medios. Ni la gente que cree que esto es la ley de la selva y «todo vale» con tal de ganar, incluido aplastar al prójimo. Yo no quiero ganar, si es así. Es muy caro.

No me gusta le gente mala, gente que me utiliza. La gente que prefiere que esté mal, que se alegra de mi tristeza, porque así pueden tenerme. La gente que aprovecha mis momentos bajos para sacar provecho de mi debilidad. Y se mete en mi vida y la llena de cosas sucias y feas y quiere contagiarme su visión de que la vida está hecha para eso que ellos llaman ganadores. Que me repiten que no hay que ser bueno, que si eres bueno, te pisan. Que quieren contagiarme su visión llena de mezquindad, de ruindad, de mil y un rencores perfectamente olvidables.  Y que me dicen que nadie me va a querer como ellos y quiere ser una amenaza, cuando podría ser un premio. Que no te quieran tanto, que te quieran mejor, como dice María Jiménez en una canción.

No me gustan la gente mala, los jefes que no son capaces de enfrentarse a sus empleados conflictivos si son fuertes, pero sí a los débiles. Que usan su poder para arrinconar a las personas discapacitadas o, simplemente diferentes, convirtiendo oficinas y fábricas en selvas sin humanidad. Que emplean su poder para acosar sexualmente a sus empleadas, que temen las consecuencias de decirles»NO» cuando ven que las besan cerca de los labios o en el cuello o las acorralan en una habitación aparte para tocarlas. Que benefician a las empleadas que salen a pasear con ellos, que les permiten esas licencias, que les acompañan en su soledad de gente mala. 

No me gusta la gente mala, como las empleadas que aprovechan la «amistad» con su jefe para trabajar menos y, sobre todo,  para «apuntar» a sus enemigos personales de la mano del poder que tienen por cercanía. Para decir a su jefe/amigo que les «molesta» un compañero ruidoso porque saben que éste aprovechará para llevarle a un despacho de un superior, para humillar a ese subordinado, deprimido y aislado ( y que gracias a él, lo estará aún más), sin permitirse siquiera hablar antes con él. Ella, dice, no ha hecho nada. No, ella ha hecho como el aldeano de mi Tierra: tirar la piedra y esconder la mano. El que te sujeta mientras te violan, ¿no está ayudando a violarte?.

No me gusta la gente mala, los hombres que suben la voz, indignados, en contra de la prostitución y hasta publican su solidaridad con las putas en sus redes sociales, mientras no escuchan a sus esposas cuando les dicen «NO» por las noches, tratándolas como a putas sin sueldo en una violación legal, que se repite noche tras noche.

No me gusta la gente mala,  gente que dice que está en contra de la violencia. Pero usa las palabras como espadas para hacer daño. O te castiga con el silencio. En realidad, sólo están en contra de la violencia que se ejerce contra ellos. La que usan ellos, esa, no cuenta. Están en contra del maltrato, pero lo emplean: ¿acaso no existe el maltrato psicológico?.

Yo sólo quiero en mi vida a gente buena. No porque yo lo sea. Sino porque quiero serlo. Porque aspiro a ser como mi tía Lola, que cuidó y rodeó de amor a su hermana y a su madre, sanas o enfermas, y ahora cuida a su marido con Alzheimer, con un amor que no hace falta verbalizar porque se siente, se palpa, en cada gesto. Porque me gustaría ser como mi amigo Jesús, al que jamás he oído hablar mal de nadie. Porque quiero ser como mi bisabuela Facun, a la que si le decías que un anillo era bonito, se lo quitaba y te lo regalaba. O como Patricia, a la que la vida no ha tratado del todo bien, pero entraba a trabajar cada día con un cantarín «alegría de vivir» contagioso. Y era difícil, muy difícil, rodeados como estábamos de un coordinador jefe, que tú creías buena persona, pero que te quería echar por ser discapacitada, mientras  el malo oficial, el jefe lejano, ese tan frío que se hubiera muerto antes que reconocer sus sentimientos en voz alta, luchaba para mantenerte con nosotros. No era fácil, Patricia, rodeada de secretarias con ínfulas, que usaban el poder para, ya que no podían medrar ellas ( por pura incapacidad), impedir que lo hiciera gente con valía a la que odiaban, Dios sabe por qué. No era fácil, Patricia, rodeada de supervisores pavos reales, empeñados en demostrar su poder, burlándose de los débiles y colocándose traje y corbata para las reuniones …como si el traje ocultara su maldad intrínseca…

Quiero en mi vida gente buena, gente generosa. Por eso, les doy la bienvenida. Porque yo también quiero serlo, también quiero ser buena gente. Me da igual tu inteligencia real o emocional, tus títulos de licenciado o doctorado, tus cursos o tus másters, si lees o no, si tienes o no faltas de ortografía. Pero si eres mala gente, por favor, apártate de mí. No me contagies tu malestar, tu veneno, tu mezquindad, tu rencor sin fin.  No lo quiero. No te quiero en mi vida.

Sólo quiero a mi lado gente buena. Me gusta la gente que se entrega, con miedo o sin él, pero sin cálculos. Generosamente. Pero no con palabras vacías, de corazón.  Gente que se ríe como si estuviera loca. Pero, sobre todo, me gusta la gente buena. Porque yo también quiero serlo. Aunque haya quien se burle y me diga: Lo importante es ser feliz. ¿Acaso no se puede ser feliz si eres buena gente? Espero que sí. Aspiro a que sí.

3 comentarios sobre “Bienvenidos a mi vida, gente buena

  1. A ver , Anuski, yo no sé escribir, y espero además, no perder el texto con lo que te quiero decir, una vez que quiera publicarlo. Pero me merece la pena correr con «estos riesgos».Sabes que me gusta muchísimo como escribes, por lo bien que lo haces, por la intensidad y la certeza con las que comunicas , por la valentía con la que «te desnudas», por el interés de los temas que tratas, y por tantas cosas que, personalmente , ya te he contado……..Pero, además , y a partir de ahora, tengo que añadir que , otro de tus muchos méritos, es de la elegancia y el estilo, en las descripciones de las personas de las que hablas y das detalles, sin mencionar sus nombres.Me he divertido muchisimo leyendo tus magníficos retratos!!!!!!!!!No dejes nunca de escribir, porque nos haces disfrutar con tu buen hacer , mil gracias por tu cariño , y no te preocupes ni medio minuto por lo de ser buena gente , porque TU LO ERES , y por eso , te quiero!!!!!!

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    1. Otra de las características que he olvidado mencionar. Curiosamente, la gente que ataca e intenta hacer daño suele escudarse en el anonimato o crearse perfiles falsos para intentar ofender. No saben que cierta gente ha perdido ese poder sobre mí DEFINITIVAMENTE.
      Afortunadamente.

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    2. Otra característica que he olvidado mencionar de la gente que no me gusta es que suelen escudarse en el anonimato para intentar hacer daño. Son cobardes. Algunos hasta se toman la molestia de crearse perfiles falsos para tratar de ofender. Dan pena y risa. Bueno Patricia, ya sabemos que esa gente no nos interesa. Ya no tienen ese poder. Afortunadamente para nosotras. Yo también te quiero mucho. Y lo sabes.

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