
Esta semana, España cumple 300 días sin Gobierno. Por fin, nuestro país está en una lista en los puestos de arriba: ya estamos entre los 5 países que llevan más tiempo con un Presidente en funciones. Tenemos el dudoso honor de ser el cuarto país del mundo que ha estado más tiempo en una situación de gobierno provisional. Para los curiosos, sólo Bélgica, Moldavia y Camboya nos adelantan en este ránking nada constructivo.

Después de 2 elecciones en menos de un año y de un par de intentos de investidura de los candidatos de los partidos de toda la vida, y cuando están a punto de estallar las terceras elecciones, a golpe de pandereta ( ¿será por eso que nos llaman país de pandereta? ) muchos españoles empezamos a creer que se va a cumplir la ley de Murphy:
Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal
En un año, llevamos 2 campañas electorales, ( la segunda ya nos sobraba; con la tercera, nos amenazan) innecesarias y cansinas en un “cada loco con su tema” en el que el debate ideológico es lo de menos. ¿Los programas de los partidos?. Para qué. Eso sí, contemplamos, debate tras debate, las mismas discusiones en las que, salvo honrosas excepciones, no oímos propuestas, sólo eslóganes. Si vemos La secta (perdón, la Sexta), escuchamos a Pablo Iglesias, que empezó siendo tertuliano de uno de sus programas y acabó creando un partido político nuevo y un panorama más fresco en la vieja política del bipartidismo español, en que PP y PSOE se han turnado en el poder desde hace más de 20 años. Si optamos por Telefacha (perdón, Telemadrid) oímos las bondades de las medidas del PP y el caos en que vamos a caer si elegimos a los otros, que van a convertir el país en Venezuela. ¿Alguien había oído nombrar tanto a Venezuela hasta ahora, por Dios?. Al final, cansados, acabamos por tirar de Telecinco, que ya sabemos que está a los suyo, el pan y circo para todos de los tiempos actuales: corazón y programas de telerealidad .
Después de unas elecciones en las que los socialistas perdieron el norte ( gallegas y vascas). Después de haber perdido el sur, donde sólo pudieron gobernar gracias al apoyo de Ciudadanos. Después de un fin de semana oscuro, muy oscuro, en que los militantes del PSOE se apostaban en la sede de su partido, en la calle Ferraz, para defender a Pedro Sánchez de su propio partido. Después de la dimisión- descabezamiento del candidato socialista y de haber sido relegado al banquillo del Congreso el que hasta hace un par de semanas era el candidato de los socialistas, el panorama, en el más puro estilo de la Ley de Murphy, es desolador. Porque, si hubiera nuevas elecciones ahora, ¿a quién presentaría el PSOE como candidato? De momento, ni candidato tienen.

Así las cosas, no es extraño que el PP ilustrara las disensiones y posterior caída de Pedro Sánchez, contemplando el entretenido espectáculo con un paquete de palomitas en su twitter. Retirado una hora después, tras darse cuenta de que entre las sonrisas de Soraya y las palomitas en las redes no disimulaban mucho su alegría ante lo que, para la ciudadanía en general , era una mala noticia.

En todo caso, hoy por hoy, los únicos que ganan son ellos, los populares. Ya hay encuestas que lo dicen. Historias de corrupción al margen, entre elección y elección, sólo sube el PP, camino ya de la mayoría absoluta.


En el PSOE discuten si abstenerse o no abstenerse para permitir gobernar a su tradicional oposición, en una duda hamletiana muy certeramente parodiada por el Gran Wyoming en su programa El Intermedio. De fondo, late el miedo a unas terceras elecciones en estos momentos, temerosos, además, de que les coma el terreno su nuevo rival, Podemos. Y mientras Pablo Iglesias sigue empeñado en su política de “asusta viejas”, como él mismo la califica, e Iñigo Errejón, más moderado, prefiere ganarse al electorado con una sonrisa, quizá por aquello de que se cazan más moscas con miel que con vinagre, a Alberto Garzón le queda el honor de seguir siendo el líder más valorado. Igual que lo fue, en su día, Julio Anguita: muy valorado y muy poco votado. Si a Anguita se le acusaba de hablar de programa, programa, programa, ahora, lo de menos es el programa, perdidos como estamos en debates de formas y miedos.
Los españoles, muchos, contemplamos el espectáculo preocupados. El Gobierno repite como un mantra que España va bien. Mientras, incrédulos ante semejante optimismo, le escuchan los 4 millones de españoles sin trabajo, el 66% de pensionistas que sobrevive con menos de 1000 euros al mes ; los 3 de cada 7 españoles que malviven en el umbral de la pobreza, ese umbral que no tienen ninguna gana de atravesar.

Y mientras, como diría Sabina, los azules culpan a los negros, los verdes a los amarillos. Los rojos gritan: «¡me defiendo!», los verdes dicen: «yo no he sido», España se va convirtiendo en un país, cada vez más dividido, donde hablar de política empieza a ser fuente de bronca segura. Y sobre todo, donde, como dice la ley de Murphy:
Nada es tan malo nunca como para que no pueda empeorar.

se me olvido recordarte el tema del acuamed…son tantos palos de tocar de mi ohnrado partido…
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genial
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Muchas gracias!!!No me atrevía a meterme en política pero me apetecía
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