Podemos: No todos los políticos son iguales.


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Lema del movimiento 15 M

Personas a los que no les interesaba la política y que no confiaban en los políticos. Gente que desconfiaba de los partidos. Jóvenes que ni votaban. Para todos, la aparición de Podemos fue la ráfaga de aire fresco que limpia el aire viciado. Y, sobre todo, que trae la ilusión que los demás se han encargado de ir destruyendo elección tras elección, gobierno tras gobierno. Había descontento, cómo si no abrirse camino así, tan rápidamente, tan inesperadamente.

Todo había empezado un 15M .  El 15 de mayo de 2011,  brotó, como de la nada, la Spanish revolution, que se lanzó a la callenacida de unos españoles que se decían indignados con la vieja política, que pedían «Democracia real», hartos del semieterno bipartidismo PP- PSOE. Hartos de un PP siempre igual a sí mismo, indiferente a lo que pasara fuera, en una calle cada vez más descontenta. Cansados de un PSOE cada vez más indistinguible de su rival, y que se ganó un cántico cada vez más repetido ( «PP-PSOE, la misma mes «). Fue un 15 M que cambió muchas cosas en la política española y que irrumpió en el rutinario panorama político español como un huracán que arrasa con todo.

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Imagen de la discusión entre Errejón e Iglesias en el Congreso

Los de Podemos consiguieron crear un partido, nacido de aquella indignación, creado con la ilusión de romper con lo existente y acabar con esa «casta» dominante que ocultaba a los muchos descontentos con lo que había. Institucionalizar la rebeldía, meter al revolucionario en el sistema nunca es fácil. Pero ellos lo lograron. En apenas 20 días desde que se permitió la afiliación en Podemos, consiguieron ser el tercer partido en número de afiliados.Y 4 meses después de crearse el partido, en las primeras elecciones a las que se presentaron, ya lograron casi el 7% de los votos y ser la cuarta fuerza más votada.

Los de Podemos han demostrado que no todos los políticos son iguales y, por eso mismo, pecan de ingenuos. Y, así, son transparentes, hasta en sus enfrentamientos. Quienes han pasado de la calle al Congreso, siguen siendo inocentes venidos a políticos.  Se critican entre ellos con la espontaneidad de los «nuevos«. Están en el escenario político, son los nuevos actores, pero no saben actuar. Como a Javier Marías, a ellos tampoco les gusta el teatro. No es lo suyo. Se nota y hasta se agradece, por quienes estamos acostumbrados a la corrección política de dirigentes que hablan sólo si tienen delante un guión con respuestas aprendidas a preguntas esperadas, o pueden parapetarse y conceder ruedas de prensa detrás de un plasma protector.

Los de Podemos no se ocultan, no se esconden y, sobre todo, no se callan. Para bien y para mal, lo hacen todo con luz y taquigrafos. Discuten a través de Instagram  y Twitter. Tienen una bronca en el Congreso, delante de todos los compañeros de escaño. Carolina Bescansa se va de su cargo y publica una carta con los porqués. Y habla de choque de trenes sin disimulo. Teresa Rodríguez riñe a Iñigo y Pablo, por lo que ella califica de » bronquitas de colegio«. Juan Carlos Monedero no disimula su opinión sobre lo que él califica de ambición de Errejón sin más, ni en sus declaraciones ante la prensa ni en lo que publica, bajo el elocuente título de » Así no, Iñigo«.

El duro camino desde el 15M al 20D no les ha arrancado la espontaneidad y la transparencia de contarlo todo. Aún cuando les perjudique. Porque ser distintos tiene un precio. Y no son distintos por llevar coleta o vestir de Alcampo, no. No son las formas lo que les hace diferentes, sino el fondo. Y los que vivimos en Madrid, lo sabemos. Una forma de hacer política distinta por parte de la alcaldesa Carmena y un partido anti-Carmena (todos contra uno) para el que la alcaldesa de Madrid tiene la culpa de todo… hasta de aquello sobre lo que no tiene competencia. Detrás, un odio feroz a lo que huele a Podemos como si, por fin, algunos hubieran encontrado el enemigo común contra el que luchar.

Entre tocar el suelo y alcanzar el cielo, errejonistas y pablistas han recorrido mucho camino muy rápidamente. Hay ahora dos liderazgos televisados y transmitidos vía redes sociales y vistos en directo en el Congreso. En apenas 2 años, entre el posibilismo  de Iñigo Errejón- los pies en la Tierra- y la radicalidad de Pablo Iglesias- la vista puesta en el cielo-, Podemos busca el camino hacia el cual dirigirse. Apenas han pasado 2 años desde que el partido se creó pero errejonistas y pablistas han caminado muy deprisa.

Dos años después, se debaten entre la sonrisa de Iñigo Errejón y el gesto siempre un poco adusto de Pablo Iglesias. Entre el lograr acercarse a todos de Iñigo, con su «recuperar la ilusión» y el  asustar a los de siempre, con su «el miedo ha cambiado de bando«, de Pablo.

Y una pregunta en Google, la que más veces se ha  hecho al buscador. Qué pasaría si gobierna Podemos. Porque aunque algunos se empeñen en decir que los de Podemos «son como todos» y busquen sin cesar pruebas para demostrarlo, siguen siendo distintos.  Y las diferencias suelen asustar. Porque suenan a cambio y el cambio, siempre, da miedo.

Son tan nuevos, tan distintos estos nuevos políticos que, por no saber, no saben ni negociar. Quizá porque llegar a acuerdos es, siempre, renunciar. Y renunciar es ceder. Y quienes aspiran a todo, no tienen en su vocabulario la palabra ceder. No se puede regatear si es el cielo el que está en juego. Ahora, sólo falta escoger el camino para asaltarlo.  La respuesta, después de Vistaalegre.

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