Más música, por favor


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Decían sus fans que nadie bajaba las escaleras como Bette Davis. Sin embargo, el empeño del director de Amarga victoria de que las subiera acompañada de música en la escena final de la película, la hizo protestar enérgicamente con un «Pues o subo yo esas escaleras o las sube Max Steiner (autor de la música) , pero los dos juntos, no». La actriz era consciente, quizá, de que la música robaría protagonismo a su actuación y la eclipsaría a ella. La escena, finalmente, se rodó con música.

Igual que Bette Davis subió la escalera acompañada de la música, la música va siempre con nosotros, en todo tiempo y lugar, a lo largo de nuestras vidas. Vivimos rodeados de música.  No hay celebración sin música. No existe civilización humana sin música.

Parece ser, incluso, que el ser humano aprendió a cantar antes que a hablar. La música nació como  una forma de comunicarse, un lenguaje anterior incluso al lenguaje. (Extraño, si pensamos en los jóvenes y no tan jóvenes, con cascos, que se aíslan de su entorno usando la música como medio). La vida, entonces, debía ser como un musical continuo, en que, entre frase y frase, los actores, en lugar de hablar, cantan.

Eso fue mucho antes de que científicos, psiquiatras, psicólogos y médicos en general descubrieran los beneficios de la música. El refrán » quien canta, su mal espanta» tenía razón: la música alivia el dolor, ya que estimula la generación de opioides. ¿Qué mejor analgésico que este, que es natural 100 por cien?. Sólo es precisa una condición: que la música que nos administramos nos guste.

Oír música nos hace sentir mejor, mejorando nuestro rendimiento físico, porque hace que nos movamos a su ritmo. Y, curiosamente, igual que nos activa, sirve para relajarnos, haciendo que nos recuperemos más rápido del cansancio físico. En este caso, la música tiene que ser de ritmo lento, así que olvídate de tus gustos si son más moviditos. Así que para dormir a gusto y disminuir la ansiedad, ya sabes, un poquito de música. Demostrado: estimula la producción de endorfinas, unos neurotransmisores que generan un estado de calma y bienestar. Mejor que un masaje. Y más barato.

Por si fuera poco, se ha demostrado que el uso de la música de una forma terapéutica, la musicoterapia, resulta útil a personas con trastornos de la lectura o del habla. Nada extraño si tenemos en cuenta que al principio de la vida, incluso antes de nacer, está la música. Dicen algunos estudios que los bebés aprenden antes la música que el lenguaje. De hecho, afirman que el lenguaje surge después, a partir de la música. Para los niños, el lenguaje sería, nada más, una parte de la música. Si aprendemos la música antes que el habla,  es comprensible que, para recuperar el habla perdida, se recurra, de nuevo, a la música.

Al final de la vida, cuando ya apenas nada permanece en la memoria del enfermo de Alzheimer, queda la música, todavía. Los enfermos ya no recuerdan los nombres de sus familiares pero siguen recordando las letras de canciones de su niñez. Lo último que olvidan es la música, tan ligada a las emociones. Por eso, la música se usa para ayudar a ancianos con Alzheimer o demencia. No sirve para curarles pero sí para detener el imparable y cruel avance de estas enfermedades. La música es una de las pocas armas que tienen los terapeutas para hacer frente al avance de esta terrible enfermedad.  A pesar de la debacle que provoca esta enfermedad en el cerebro y, en particular, en la memoria, una gran parte de los enfermos conserva sus recuerdos musicales aún en las últimas fases. Puede que sea que  la música la guardemos en áreas cerebrales diferentes de las del resto de los recuerdos. Pero lo cierto es que la memoria de la música es la última en olvidarse. Quizá por ir tan unida a nuestras emociones.

La música es, pues, lo primero que aprendemos y lo último que olvidamos. Quizá por eso imaginar la vida sin música es imposible. Ni los seres humanos ni los animales pueden vivir indiferentes a ella. Sólo la gente que sufre de amusia vive ajena a ella. Así se llama un extraño trastorno que vuelve insensible a la música. Una especie de ceguera/ sordera musical que «libra«, para desgracia del que la sufre, de la influencia de la música. Las personas aquejadas de este problema escuchan la música pero no son capaces de comprenderla, seguirla y apreciarla. Pobrecillos. No saben que, como decía Nietzsche, Sin música, la vida sería un error.

Sin Musica

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