Creíamos ( inocentes de nosotros) que teníamos bien detectados los peligros de las redes sociales. La culpa la tenían, siempre, otros. Otros que nos querían robar los datos para estafarnos o que querían engañar a nuestros niños usando todo tipo de estratagemas, o todo a la vez. O sea, que sólo teníamos que defendernos de los ataques de fuera. Pero no, desengañémonos, en lo que toca a redes sociales, nosotros mismos nos hemos convertido en nuestro peor enemigo. El peor peligro de las redes no es ser víctima de una estafa ( que tampoco es moco de pavo). Lo peor son los efectos personales. Amistades y matrimonios rotos, despidos son algunos de los efectos perniciosos del uso masivo y descuidado de las redes sociales.
Diríase que las redes sacan a la luz lo peor de nosotros, nuestro peor yo. A pecho descubierto, sin ocultar nada, expresamos nuestros sentimientos o pareceres. Exhibimos nuestra vida privada sin vergüenza. Lo contamos todo. Escribimos con despreocupación absoluta, ignorantes del dicho de «la tinta más débil es mejor que la mejor memoria«. Entre otras cosas, eso significa que todos vamos a recordar lo que has escrito, no digamos tu pareja, amigo o jefe. Sólo tenemos que tirar de hemeroteca, (redeteca, en este caso). Es como si lo efímero de las cosas en las redes, nos hiciera olvidar que, pese a todo, permanecen …y por escrito y con imágenes a menudo. Llámalo como quieras. Espontaneidad, falta de prudencia o una combinación peligrosa y explosiva de todo junto. Lo cierto es que el exceso de naturalidad y las prisas se pagan caras, en las redes.
Sin apenas darnos cuenta, hemos convertido a Facebook en nuestro diario. Pero, a diferencia de los diarios tradicionales, se nos olvida que éste es público. Es un diario que no cerramos bajo llave, ni mucho menos. ¿Te imaginas que hubieras decidido publicar tu diario? Pues es, más o menos, lo que hacemos en las redes, cada día, sin darnos cuenta. Declaramos nuestros amores y odios, los compartimos, a voz en grito. Con la familia cercana; con amigos de verdad y, a veces, sólo conocidos de medio pelo y conocidos de conocidos.

Ya hay parejas que se separan por culpa del whatssap o Facebook…o eso les dicen a los abogados que les llevan el divorcio… Una de cada 5 las parejas que se divorcian señalan a las redes como culpables. Las cosas, claras: no son las redes las culpables, sino las infidelidades… transmitidas en vivo y en directo a través de las redes.
Con el whatssapp, el problema es la interpretación que hacemos cuando creemos que alguien ha leído nuestro mensaje y no nos ha contestado. O nos ha respondido tarde. O está en línea y no nos da señales de vida (cómo se atreve). Al final, nos acabamos enredando en una discusión por escrito. Ya hay parejas que se pelean por whatssap y acaban por convertirse en ex y se meten en juicios, esgrimiendo como arma arrojadiza los mensajes privados que se mandaron. Eso, por no hablar de los infieles pillados por conversaciones de whatssap indiscretas y que se conservan en el teléfono a la vista del engañado de turno, o de los que se han equivocado al mandar un mensaje y se lo han remitido a la esposa/esposo en lugar de al amante.
Qué decir de los divorciados que culpan de su separación a Facebook por haber descubierto la infidelidad de su pareja gracias a la red. Y es que, definitivamente, en las redes sociales nos falta prudencia y nos sobran prisas. Claro, el problema de fondo es la infidelidad. Pero a través de las redes, se ve. Y ya sabes que ojos que no ven, corazón que no siente. O sea, una cosa es ser infieles y otra, además, ser imprudentes y pelín tontos. Si vas a engañar, al menos, no lo publiques. A menos que, además, quieras convertirte en un torpe bocachancla.

No sólo se rompen parejas con la ayuda de las redes sociales, también las amistades sufren las consecuencias. Olvidamos la discreción y la prudencia que generalmente nos acompaña en la vida real, a menudo, convertimos Facebook en un campo de batalla sobre política, religión o deportes. Es verdad que tenemos más amigos que nunca ( o lo que sea) pero también lo es que, con las redes sociales, hacemos y deshacemos amistades exclusivamente virtuales y tan frágiles como si estuvieran dibujadas en la arena. Ya tenemos una nueva forma de ruptura en estas relaciones: bloquear a la persona ( previa discusión furiosa por escrito ) que viene a ser como si borraras a la persona a un golpe de clic de tu vida. En la vida real, por suerte o por desgracia, eso es imposible. Como máximo, podrás negar el saludo a quien se ha ganado tu desamor. Y date con un canto.
En cuanto al trabajo, para la selección de personal, el 87% de las empresas se fijan ya en lo que publicas en las redes. Así que si vas a presentar tu currículum, tenlo en cuenta. No te aviso de lo que cuelgas en Linkedin, porque ahí somos todos muy correctos. Pero no olvides que los reclutadores de talento se fijan, además, en Facebook o Twitter. Así que no es buena idea hacer un «cassandra» si aspiras a tener trabajo. De hecho, un 28% de empresas confiesan haber rechazado a un candidato por su reputación on line.
Tampoco te confíes si tienes trabajo. Ya hay despidos por navegar por Internet en horas de trabajo; o por opinar sobre según qué o por una actividad social delatora en tiempos de baja. Los abogados laboralistas se han habituado ya a que se declaren procedentes despidos por las pruebas que han facilitado los propios trabajadores a través de sus redes. Dar tu opinión por las redes puede ser causa de despido. Se considera que has roto la buena fe contractual. Si te han oído decir que tu jefe es tonto del culo de viva voz puedes negarlo hasta en el cadalso, si el interesado se entera. Pero si lo has dejado por escrito, ni la opción de negarlo te queda.
Si inicias un proceso de incapacidad temporal por una supuesta contractura cervical y al día siguiente te haces un reportaje fotográfico en un parque de atracciones o de bares y bailando hasta altas horas de la madrugada y lo publicas en Facebook, tú mismo estás dando las pruebas a la empresa para que te despida.
No se trata de no usar las redes, que tantos beneficios nos han traído. Sólo, de ser un poco más cuidadosos. Por si acaso.



exacto musho bocachancla, y creerse un semidios
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Nos creemos que estamos en la intimidad…asi de bobos somos
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