La vida no es justa: acéptalo y serás más feliz


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Hay quien dice que recoges lo que siembras. Que si eres un niño bueno, la vida te recompensará. Pero si te digo que la vida no es justa, creo que no te estoy descubriendo nada nuevo. Si quieres creer en el karma, allá tú, eres libre.  Si te consuela creer, cuando te hacen daño, que «a todo cerdo le llega su Sanmartín«, lamento decepcionarte: no a todos les llega, algunos se van de rositas. Sin más, tan felices. La vida tiene poco o nada que ver con la justicia. Ahora que ya lo sabes, te toca aceptarlo para ser más feliz.

Si quieres creer en la justicia de la vida, adelante. Pero te advierto que vas a sentir muy decepcionado cuando la vida no responda a esa creencia tuya casi mágica. No siempre las buenas acciones tienen su recompensa. A no ser que entiendas por recompensa la satisfacción propia de haber hecho lo que tú crees correcto. Esa, la vas a tener siempre.

No te acostumbres a preguntarte cuando te sucede algo malo: ¿por qué me pasa esto a mí?. La respuesta es bien fácil: ¿y por qué no?. Cansarás a propios y ajenos si vas por la vida como el pollito Calimero, exhalando de vez en cuando un lastimero «es una injusticia«. Aceptar que a veces ganas y otras pierdes contribuirá a tu felicidad o, al menos, a no sentirte frustrado cada vez que te sientas injustamente tratado por la vida, esa ingrata. En resumidas cuentas, si esperas justicia, te vas a sentir muy frustrado cuando no la obtengas. Y eso, a lo mejor (o a lo peor), te va a pasar unas cuantas veces. Depende de tu suerte. Que esa sí cuenta, y mucho, en la vida.

Después de todo, ¿quién te dijo que la vida fuera justa?. Acepta la parte que hay en ella de azar. Juegas en ella con las cartas que te tocan. No siempre son las mejores. Pero, si miras a tu alrededor, encontrarás cosas por las que dar las gracias.  No te centres tanto en las malas.  La vida tiene poco o nada que ver con la justicia. Y si no te empeñas en esperar justicia, todo te irá mejor. Porque todo lo que obtengas será un premio inesperado y, por lo mismo, lo recibirás agradecido

No tengas hijos para que te cuiden en tu vejez. Y , sobre todo, no te sorprendas si, pese a tenerlos, acabas en un asilo igualmente.  Los hijos no son una inversión de futuro, algo así como una cuenta corriente que te garantiza pingües beneficios después de un tiempo. Puede que acaben siendo tan rentables como meter el dinero en un banco.  No puedes abandonar a tus hijos ni meter el dinero debajo de un colchón. Así que, pregúntate qué otra opción tienes excepto hacer lo que haces.

En la vida real no siempre ganan los buenos. Esto no es como las películas alemanas televisivas del fin de semana, con su final rosa y feliz. El único final feliz al que puedes aspirar en al vida real es el de aceptar lo que hay. No en el sentido de resignarte (qué palabra, qué idea más fea), sino en el de asumir que, muchas veces,  la vida no es justa. No esperar justicia siempre y en todo lugar  te hará sentir menos frustrado. Tener la razón o la verdad (suponiendo que tales cosas existan y no sean interpretables) o estar del que tú consideras el lado justo, no te garantiza que ganes. Acéptalo y serás más feliz.

En el amor o en la amistad, sobra hablar de justicia. Querer a alguien con toda tu alma y todo tu corazón no te garantizará que el otro sienta lo mismo por ti, en justa correspondencia. No te enfades por eso. Otras veces te tocará estar del otro lado y te encontrarás con que tú tampoco podrás amar a gente que te quiere, por mucho que te empeñes. Nadie puede obligarte, ¿a que no? Y, entonces, no te parecerá tan raro. ¿No será que cuando hablamos de justicia, nos referimos sólo a nosotros y no al otro?. Pues déjame que te diga que eso tampoco es muy justo que digamos.

A lo mejor trabajas y hasta eres tan tonto (con perdón) que vives para el trabajo. Pero si trabajas esperando que te pongan una medalla en justo pago por tus desvelos, vas listo. O puede que te pongan dos: una por tonto y otra, por si la pierdes. Y si una vez, en pleno agobio, se te ocurre la brillante idea de estallar, es más que probable que todo tu trabajo de años se vaya al garete. Esa metedura de pata puede pesar más que todo tu trabajo anterior, que desaparece como por arte de magia, como si nunca hubiera existido. Vamos, que puedes acabar de patitas en la calle. ¿Te parece injusto? Después de todo, nadie tiene una balanza en la que pesar de forma perfectamente ecuánime tus deberes y tus haberes. Tu jefe ha decidido que le importa más ese error que todos tus aciertos. ¿Que no ha sido justo?. Seguro que él no piensa lo mismo.

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¿Qué decir de la justicia?.  Puede que hayas tenido que vértelas con ella alguna vez. Pues como decía el gitano en su maldición : pleitos tengas y los ganes. Bienvenido al mundo real. Acabarás descubriendo que eso que damos en llamar justicia es algo que tiene que ver con las interpretaciones de las leyes que hacen abogados, fiscales, jueces y jurados. A veces, la dosis que recibas de justicia dependerá del juez que te toque o del día que tenga o hasta de las ganas que tenga de trabajar y leerse toda tu historia de cabo a rabo. A veces, sólo puedes esperar legalidad. Y con suerte, rezar para que la ley que te toque sea justa. Porque no es por nada, te recuerdo que también hay normas injustas… y lo sabes. Sin llegar a decir aquello que proclamaba a los 4 vientos el político andaluz Pedro Pacheco de «la justicia es un cachondeo«, lo cierto es que a la justicia la pintan ciega. Y no es casualidad.

Un consejo: relájate y acepta. Lo bueno y lo malo, la cara y la cruz. De acuerdo. la vida no es justa. Y,después de todo, quién dijo que lo fuera. Mira lo que dice Bruce Lee:

«Esperar que la vida te trate bien por ser buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano

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4 comentarios sobre “La vida no es justa: acéptalo y serás más feliz

  1. De acuerdo contigo , desde la «A» a la «Z»’Anuski!!!!! Yo quise ser , y soy ketrada y al poco de comenzar a ejercer mi profesión , descubrí que la justicia , simplemente .no existe.Que chasco y que desilusión!!!!!!!

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