FEMINISTAS, NO «FEMINAZIS»: SER FEMINISTA TIENE MALA PRENSA.


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Ser feminista no está de moda. Tiene mala prensa. Optimistas y machistas varios afirman que el feminismo ya no hace falta, que ya está todo hecho.  El término «feminazi«, que tanto gusta a algunos, es la prueba más palpable. Sin embargo, a nuestro alrededor, la realidad dice todo lo contrario. Iberia, Tragsa y la Politécnica de Valencia son algunos ejemplos de que ser mujer y madre resta puntos a la hora de encontrar trabajo.

España. Primer mundo. Año 2017. Iberia ha tenido que pagar una multa de 25.000 euros por discriminación laboral. Inspectores de la consejería de trabajo de Baleares observaron que la compañía pedía pruebas de embarazo a las aspirantes a azafata. Iberia ha decidido que ya no incluirá esta prueba y asegura que su intención era «proteger y no discriminar a las mujeres embarazadas«.

Las mujeres nos habíamos «acostumbrado» ya a que en las entrevistas de trabajo se nos preguntara por nuestro estado civil, o por nuestra intención o no de ser madres y hasta por la fecha de nuestra última regla, o si nos sentiríamos cómodas liderando un equipo de hombres. Lo de Iberia ha sido un avance en la escalada. Ya no basta con que la mujer jure que no piensa tener hijos. Ahora, además, algunas empresas quieren pruebas.

España. Primer mundo. Año 2017. La empresa TRAGSA es condenada por despedir a una trabajadora por estar embarazada. La Politécnica de Valencia, por discriminar a una embarazada.

Dice Dolors Montserrat, Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,  que ni la edad, ni el nombre ni la foto ni el sexo tienen  relación con  las capacidades a evaluar de una persona para acceder a un puesto de trabajo. Por eso, cree que el formato de curriculum anónimo puede impedir cualquier discriminación por cualquiera de estas razones. ¿Un dato con el sexo/género? La primera empresa española que ha implantado el llamado currículum ciego  ha incrementado la contratación de mujeres de un 12 a un 36 por ciento. Sin comentarios.

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La actriz afirma en una entrevista que «no hay que ser feminista ni machista» y que «las mujeres no tenemos que demostrar nada porque ya todo el mundo sabe que nos valemos por nosotras mismas, salvo excepciones».

Dicen que ya está todo hecho. Paula Echevarría no es la única que «confunde» feminismo y machismo, a pesar del diccionario. Cristina Pedroche dice que lo del machismo y el feminismo son «tonterías». Blanca Suárez, que el feminismo es una moda. Lucía Bosé, que no es feminista, que es mujer (como si fuera incompatible). Carla Bruni  dice que «ya no hace falta, ya no hay necesidad de ser feminista». Y si preguntas a Taylor Swift, salta con un ofendido «feminista, no, gracias». Definitivamente, decir que eres feminista tiene mala prensa.

 

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El diccionario lo dice. Los machistas creen que el hombre es superior a la mujer. Las feministas, sólo buscan la igualdad hombre-mujer 

 

Pero la igualdad real está, todavía, muy lejos. Son las mujeres, aunque trabajen, las que se ocupan de la «gestión«de su casa, de arriba abajo. Comidas, limpieza, cuidado de los hijos y los familiares enfermos y un larguísimo etcétera. No lo digo yo, lo dice el INE. Las mujeres que trabajan dedican 3 horas y 46 minutos diarios a las actividades de hogar y a la familia. Los hombres, 2 horas, 21 minutos.

En un mundo ideal, excepto quedarse embarazados, parir y dar el pecho (que no pueden hacerlo), los hombres son padres en la misma medida en que las mujeres son madres. No, las mujeres no llevamos en el ADN la fórmula del bacalao al pil al pil ni nacemos con conocimientos innatos de limpieza del hogar . En ese mundo perfecto, hombres y mujeres seríamos iguales y ser mujer y madre no quitaría puntos a la hora de encontrar trabajo. Y la ONU no recomendaría a España, como ha hecho, recuperar la asignatura  de «Educación para la Ciudadanía», pues su retirada «supone un retroceso de los esfuerzos por eliminar estereotipos de género«.

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Comic «ME LO PODÍAS HABER PEDIDO», SOBRE LAS EXCUSAS PARA LAS TAREAS DE LOS HOMBRES

De momento, lo que hay son mujeres que están cansadas siempre. Cansadas de ser trabajadoras, madres y amas de casa. De trabajar dentro y fuera. De tener menos tiempo libre. Lo que existía ya tiene nombre: síndrome TATT . La «solución» que han encontrado algunas es volver  a sus casas, a ser únicamente amas de casa.: renunciar a sus trabajos y, por tanto, a su independencia. Porque , como dice la ONU, las medidas de austeridad introducidas en respuesta a la crisis económica han tenido un impacto grave y desproporcionado en las mujeres. Como siempre, las mujeres acaban por pensar que su trabajo es prescindible o secundario. Un grave error.

 

 

No. No odio a los hombres. Hombres y mujeres somos, debemos ser, compañeros de camino. Iguales de verdad. Sin privilegios ni discriminaciones. No sé en qué momento se ha convertido creer en la igualdad en un insulto, algo de lo que defenderse. No debería serlo. Así que, te lo pido por favor, no me llames «feminazi«.

 

 

 

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