«La manada»: cuando además de ser violada, eres juzgada


MANADA

Madrugada del 7 de julio de 2016. Número 5 de la calle Paulino Caballero, de Pamplona. Un día y un escenario que difícilmente olvidará C., la chica de 18 años que acabó la noche de San Fermín denunciando a 5 hombres por violación. Por eso se les juzga en la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra. Se les juzga a ellos, no a la chica, aunque, a veces, tristemente, así lo parezca.

Los 5 sevillanos y la madrileña iban de fiesta. Cada uno, por su lado. Todos querían ir de fiesta y, en España, los Sanfermines son la fiesta por excelencia, qué duda cabe. La Fiesta que inspiró a Hemingway uno de sus libros, la fiesta de los excesos, del alcohol a raudales, de los borrachos por la calles. En algún momento de aquel 7 de julio, los caminos de los 6 se cruzaron. No sabemos cómo llegaron al número 5 de la calle Paulino Caballero. Lo que sí sabemos es lo que ocurrió. Y fue todo menos una fiesta. Para C.,  la fiesta se acabó.

Dice el líder de La manada que es «habitual» que una mujer quiera tener sexo «con dos o tres» hombres a los que acaba de conocer. Eso fue lo que pasó, dice. Vamos, que C. se divirtió mucho la madrugada del 7 de julio de 2016 en unos Sanfermines inolvidables. Se divirtió tanto que después de esa orgía que compartisteis, una pareja se la encontró llorando en un banco del parque. A veces, ya se sabe, se llora de pura felicidad.

También debe ser «normal» que para que la chica se divirtiera como es debido, la tirarais  del pelo o la sujetarais  de las caderas.  Igual por eso, en los audios puede escucharse incluso “una advertencia” por parte de uno de los procesados a otro para que no quedaran marcas en el cuerpo de la chica de lo que le estabais haciendo.  Quizá por eso hay audios en los que se os oye(a vosotros, nunca a ella) cómo os la pasáis de uno a otro, como una pelota, como una cosa con la que divertirse. ¿Sexo consentido? No sé, no cuadra.

El caso es que C. fue a una comisaría a denunciaros. Los policías la creyeron.  Y también los forenses. Demasiadas heridas en el cuerpo de C. que encajan con una violación. Hombre, tampoco se entiende mucho que si tan habitual es y si tan libremente las mujeres se lanzan a vuestros brazos, en vuestros chats con amigotes presumáis de usar burundanga para anular sus voluntades. Porque C. no es la primera chica que os denuncia. Es la segunda vez (que se sepa) que ayudáis a divertirse a una mujer. La otra fue en Pozoblanco y  también se empeñó en denunciaros. Desde luego, no hay quien entienda a estas mujeres.

C. se lo pasó tan bien aquella madrugada del 7 de julio en aquel portal de Pamplona que al llegar a casa, sólo podía sentirse culpable:

«(…) Porque no tenía que haberme puesto a hablar con gente que no conozco, porque me separé de mi amigo, porque me quedé sola en una ciudad que no conocía, me sentí muy culpable; tenía pesadillas, insomnio».

Ella es la que se siente culpable, no vosotros. Ella sigue en tratamiento psicológico, más de un año después de aquella noche. A lo mejor también esto es natural y las noches de juerga acaban en meses de terapia.  Pero por desgracia, no solo ella se culpa. El mundo a nuestro alrededor también la juzga.

Los abogados hablan de sexo consentido. Aunque de tu boca no saliera jamás una palabra de aprobación. Y, para demostrar que te lo has buscado o, al menos, que no das el «perfil» de violada han investigado tu vida después de la violación. A ver, que no te has muerto, que sigues colgando fotos en Instagram. Conclusión: trauma cero.

En el programa Espejo público, el periodista Nacho Abad lanza una encuesta entre sus seguidores en su perfil de Twitter para votar si lo que le pasó a una niña de 18 años en San Fermín es una violación o no. Como si fuera la palabra de C. frente a las declaraciones de otros. Como si fuera ella la juzgada.

En 13 TV emiten videos grabados por los violadores con sus móviles y titulan el programa  ¿Quién dice la verdad?. Como si las mujeres denunciaran violaciones por deporte, por fastidiar. ¿Por qué?. 

Siempre que hay un  maltrato,  una agresión o una violación a las mujeres se nos anima a denunciarlo. Lo que no nos dicen nunca es que denunciar es exponerse a ser juzgada. De lo que no se habla nunca es de este juicio paralelo  a la violada. Como dicen los americanos, a partir de ahora, todo lo que digas o hagas puede ser usado en tu contra. Y vaya si lo es, C., vaya si lo es.

A lo mejor lo que pasa es que todas las madres avisan a sus hijas de los peligros a los que se enfrentan si van solas y libres por el mundo. Pero muy pocas les dicen a sus hijos que cuando una mujer dice No es No. Y que eso hay que respetarlo. Sin más.

 

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