Del sentido del humor y la estúpida corrección política


 

https://www.youtube.com/watch?v=tIwpYhfkDG8

La niña de Jesulín y de Belén Esteban ha pedido a una chirigota del carnaval de Cádiz que retire una canción sobre ella. Un chaval de Jaén ha sido condenado a pagar una multa de 480 euros por colgar en Instagram una foto suya tuneada de Jesucristo. Una chica fue juzgada por publicar en las redes chistes sobre Carrero Blanco. Definitivamente, los españoles (al menos, algunos de nosotros) estamos perdiendo el sentido del humor. El sentido del humor está amenazado, corre peligro de extinción. La culpa la tiene la corrección política, esa estupidez que nos ha llevado a tener miedo hasta de opinar. Y, como bien dice Javier Marías, cuando se tiene miedo a opinar, algo va mal.

El caso de Andrea Janeiro es sólo la gota que colma el vaso. La hija de la princesa del pueblo está triste. Se ha enfadado, se ha indignado y ha llamado a sus abogados (que los tiene) y hasta nos exige intimidad. Todo, por una canción de una comparsa en los carnavales de Cádiz en que la llaman horrenda.  La verdad, la triste verdad, es que la corrección política ya está acabando con nuestro sentido del humor. Porque el sentido del humor no tiene por qué ser políticamente correcto, faltaría más. De hecho, cuanto más incorrecto es, más nos divierte. Los españoles somos así y, hasta ahora, tener sentido del humor significaba que éramos capaces de reírnos de todo y de todos, incluidos nosotros mismos.

En España,  hasta ahora, el sentido del humor formaba parte de nuestras señas de identidad. Somos ese país en que a los 5 minutos de cualquier drama, ya hacemos chistes. Y esto lo saben hasta las víctimas del terrorismo. Y los han sufrido en silencio, como Irene Villa,  que a los doce años, sufrió un atentado de ETA junto a su madre y como resultado de la explosión de una bomba perdió las dos piernas y tres dedos de la mano izquierda. O como los familiares de Miguel Ángel Blanco, ajusticiado por ETA pese a las protestas ciudadanas, tras 3 días secuestrado.

Por eso, ver protestar a la hija de Jesulín da un poco de risa. Que una comparsa sevillana  te haya llamado fea en una de sus letras, qué quieres que te diga, no parece que sea para para ponerse así. No entra ni en la categoría de broma pesada, por Dios. Después de todo,  esto es España, el país que ha convertido a tu madre en princesa del pueblo. Sí, sí, esa Belén Esteban que reina en la programación del corazón, sin más oficio conocido en la vida que haber sido la mujer de un torero y tener una hija, tú, con él. La misma hija que se indigna con una chirigota, cuando hay tantas cosas por las que indignarse aquí y ahora, en nuestro querido país.

Sólo nos faltabas tú, Andreita, hija mía. Ya hemos dejado de hablar de algunos temas por temor a ofender y ser ofendidos. Vivimos rodeados de corrección política por todos lados. Así que hemos dejado de hablar de política, por no acabar discutiendo con los que no piensan como nosotros.. Apenas mencionamos la religión, por lo mismo. Hablar de fútbol es enfrentar a madridistas y barcelonistas, sevillistas y béticoos. Si elegimos hablar de toros, los animalistas nos preocupamos por el sufrimiento del toro y los protaurinos por demostrar que el toro se divierte entre banderilla y banderilla. Y si hablamos de feminismo, los hombres, se convierten en machistas, por el hecho de ser hombres; y las mujeres, en feminazis.  Y ni unos y otros ni osamos decir que no nos gusta la palabra «portavoza» o que eso que llaman lenguaje inclusivo nos parece una majadería inútil, que poco o nada tiene que ver con el feminismo y que solo sirve para complicar el español innecesariamente. Por corrección política.

Y es que estamos en unos tiempos en los que todo nos ofende. Literalmente, «nos la cogemos con papel de fumar«. Lo malo es que ya hay leyes para proteger esa ultrasensibilidad que hemos desarrollado, de unos años para acá, los españolitos de a pie. Ya existe el delito de ofensa al sentimiento religioso y hasta el delito de odio. Que los sentimientos se pueden ofender es obvio. Que eso se convierta en delito  es más cuestionable, porque a ver quién es el guapo que mide la ofensa y cómo lo hace.  Con lo de Andreita, quizá se cree un nuevo delito. Podríamos llamarlo, quizá, «ofensa al amor propio». Decir que la hija de la princesa del pueblo es fea no puede ser delito. Teniendo en cuenta la realidad, que es fea ( la realidad, digo), le va a tocar oírlo y leerlo muchas veces. Porque como dice Serrat: «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

De momento, si buscas en Google «Andreita y el sentido del humor» Google  te aclara: «falta sentido del humor«. Y lo dice Google, no yo. Y ¿cuándo se equivoca San Google, si ya es el dios de nuestro tiempo? Ganas te dan de soltarle a la hija de Jesulín aquello otro que decía Gila: «si no sabe aguantar una broma, que se vaya del pueblo» Pero no, sólo vamos  a darle un consejo: «Andreita, hija mía, un poquito de sentido del humor, por favor que hasta Google se ha dado cuenta».  No nos arrebates las chirigotas, no nos quites el sentido del humor. Compréndelo, reírse no puede convertirse en un delito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Del sentido del humor y la estúpida corrección política

Replica a Ana Varela Cancelar la respuesta