Pedro Sánchez: o de cómo la corrupción, una sentencia judicial y una moción de censura echaron a Rajoy del Gobierno.


2 de junio de 2018. Pedro Sánchez ha tomado posesión como presidente del Gobierno de España. Una sentencia judicial, una moción de censura y 180 diputados han convertido al líder del PSOE en el séptimo presidente de nuestra democracia.  Apenas 15 días han pasado desde que la Audiencia Nacional dictara sentencia en el caso Gurtel.

Fue el 17 de mayo. La Audiencia Nacional dictaba sentencia y hacía historia. La justicia se abría paso, por fin, en nuestro país. Ese día, una justicia de la que algunos empezábamos ya a dudar, condenaba a 29 personas a 351 años de cárcel. Con ser mucho, eso era, casi , lo de menos. Lo importante, lo realmente importante, era la condena al Partido Popular como «partícipes a título lucrativo». Alli donde Mariano Rajoy hablaba de «10 o 12 casos aislados» de corrupción, la Audiencia Nacional ha visto un «auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación central, autonómica y local a través de su estrecha y continua relación con influyentes militantes de dicho partido»

 Si las leyes lo permitieran, si la Audiencia Nacional hubiera podido mandar a la cárcel a un partido, hoy, el Partido Popular al completo estaría en prisión. Pero no podía. Así que tocaba hablar al Pueblo. Así, con mayúsculas. Porque eso, y no otra cosa, son los diputados: nuestros representantes. Y Pedro Sánchez, el líder del que sigue siendo, hoy por hoy, el principal partido de la oposición, presentaba una moción de censura para echar del Gobierno a quien se negaba a irse voluntariamente.

Y así fue como el viernes 1 de junio, 180 diputados dieron el SÍ a Pedro Sánchez. Un SÍ que era, sobre todo, un NO a Mariano Rajoy, y a un Gobierno, el suyo, donde la corrupción ha sido algo así como un ministro más. Porque M. Rajoy, ese misterioso M. Rajoy de los papeles de Bárcenas, podía haber dimitido. Pero, ajeno a la sentencia, a la justicia, a los propios intereses de su partido y a los de España, se preguntaba, todavía, «por qué voy a dimitir». El mismo día que Zidane abandonaba el Real Madrid inesperadamente, sin que nadie se lo pidiera, con un simple » este equipo necesita un cambio», algunos españoles esperábamos oír algo parecido de boca de nuestro presidente. Pero, una vez más, el que seguía siendo el presidente de todos, nos defraudó.

España, los españoles, representados en el Congreso de los Diputados, ha votado. Eso es la democracia. Y  lo que parecía imposible, aquello que nunca había sucedido en nuestra democracia, pasó. Quizá porque votar a un partido es darle un voto de confianza. Por un tiempo y con unas condiciones.  Pero nunca debe ser un cheque en blanco para hacer y deshacer a su antojo y en nuestro nombre.

El CIS l

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Una moción de censura ha convertído a Pedro Sánchez en el nuevo presidente del Gobierno. Han hecho falta 1687 folios de una sentencia demoledora y un Parlamento en el que todos (casi)han sabido estar a la altura de las circunstancias. Podemos y nacionalistas, catalanes y vascos, de derechas y de izquierdas. Sólo Ciudadanos, que hizo de la lucha contra la corrupción su lema electoral, se ha mantenido en el NO a Pedro Sánchez, dando, quizá sin quererlo, un SI a Rajoy.

El CIS lo decía claramente. Un 35% de los españoles estamos preocupados por la corrupción. Nos preocupa más que Cataluña. Mucho más.  Y la sentencia de la Audiencia Nacional es demoledora. Son 1687 folios que diseccionan lo que ha ocurrido en esta nuestra querida España desde 1989, desde la creación del Partido Popular. Los jueces de la Audiencia Nacional hablan de asociación ilicita y de prevaricación. De cohecho y de falsedad en documento mercantil. De malversación de caudales públicos y de fraude. De estafa ,de delitos contra la Hacienda Pública y de blanqueo de capitales.

Ha sido una trama , la Gürtel, en la que han sido condenados 2 exalcaldes madrileños, 1 exministra y 1 exconsejero de la Comunidad de Madrid. Además del tesorero del Partido Popular (ese Luis Bárcenas al que Rajoy pedía «sé fuerte, Luis») y Francisco Correa, ese empresario que entraba en la sede del PP en la calle Génova sin ser registrado, con total confianza, como Pedro por su casa. Normal si, como él mismo ha dicho en el juicio, pasaba más tiempo alli que en su propia casa.

Pedro Sánchez es el nuevo presidente del Gobierno. Como dijo el peneuvista Aitor Esteban «no le arriendo la ganancia». Tendrá que luchar con propios y extraños. Muchos ojos están puestos en él. Muchas esperanzas. Quizá sea solo un presidente de transición. Pero siempre le cabrá el honor de haber sacado del Gobierno a un partido corrupto, poniendo de acuerdo a casi todos en lo importante.

Y lo importante no es si ha tomado posesión del cargo sin Biblia y crucifijo.. No.  Ni siquiera es fundamental saber quiénes serán los ministros de su nuevo Gobierno. Lo realmente importante es que los españoles podamos volver a creer en la honradez de los políticos. Porque no: no todos son iguales. En nuestra mano, en nuestro voto, estará siempre la posibilidad de elegir. Si, como los cristianos, al final,  elegimos salvar a Barrabás, nos convertiremos en cómplices. Y en víctimas.

Pero no: a los españoles no nos gustan los corruptos. A lo mejor tampoco nos importa demasiado si gobierna la izquierda o la derecha. Y por eso nuestro Congreso es hoy rojo; ayer, fue azul y mañana, quizá, se tiña de naranja o de morado. Quién sabe. Algunos llamarán a esto un Congreso Frankestein. Otros, lo llamamos pluralidad, reflejo de la España actual. Esa España que es de todos. Y en la que debemos caber todos.

 

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