Por favor, camarero: un chuletón para el ministro Alberto Garzón.


Definitivamente, España no tiene problemas. Ninguno. Ni el paro ni la pandemia. Nada. Hasta el fútbol ha pasado a segundo término. Quién iba a decirlo.

Así, entre noticia y noticia sobre las novedades de la COVID19, en las que nos explican, por enésima vez, cuánta distancia debemos guardar con nuestros semejantes para poder quitarnos, por fin, la dichosa mascarilla o nos cuentan el calor que hace en verano en Sevilla, ( menuda noticia), el ministro de Consumo, el casi siempre olvidado Alberto Garzón, ha asomado la cabeza este verano, convirtiéndose en protagonista de una absurda y tonta polémica. Y si en Nochevieja tocaba hablar del vestido ( o lo que sea) que luce Cristina Pedroche, este julio es otra carne el centro de los dimes y diretes de todo el mundo,

Es el tema de moda. Así parece, a juzgar por las horas de televisión, artículos de prensa y opiniones vertidos alrededor de un video del ministro de Consumo, Alberto Garzón. El video pretendía concienciar sobre las consecuencias negativas del consumo excesivo de carne. Lo que decía el ministro parecía algo obvio y aceptado universalmente. Algo que, seguramente, cualquier médico que se preocupe por la salud o cualquier ciudadano que quiera vivir más, pero sobre todo, mejor, suscribiría. Por una parte, porque casi todos los excesos son dañinos. Por otra, porque la dieta mediterránea consiste en comer de todo: carne y pescado pero también fruta y verdura. Es decir, comer variado y evitar el exceso en algunos alimentos. Así que no ha dicho Garzón nada raro ni original. Ni siquiera es algo, para cualquiera con 2 dedos de frente, que dé lugar a polémica alguna.

Pues resulta que sí. Que aunque son muchos los que creen que lo que ha dicho el ministro Garzón es sensato, muchos son los que se han rebelado contra ese lema de «menos carne, más vida» que su video pretendía defender.

El caso es que todo el mundo, le pregunten o no, se dedica a opinar . Opinan, valga la redundancia, sobre una opinión. Ya se sabe que las opiniones son como los culos y cada uno, tiene la suya. Conviene decirlo: no se trata de ninguna ley que prohíba a nadie comer lo que le apetezca. Hasta reventar, si así lo quiere. Así que el ministro no ha prohibido nada. Entre otras cosas, porque tampoco puede. Entonces, ¿ a que viene tanto alboroto?

Un ministro, parece, ha dicho algo obvio. Algo que todos sabemos y aceptamos, de forma general. Nos guste más o menos. Conviene que reduzcamos el consumo de carne.

Y, de pronto, han surgido los defensores patrios de los ganaderos. Hasta ahora, me constaba que España era un país de camareros. Sólo podía verlo así tras observar que, en plena pandemia, había gente más preocupada por abrir los bares que por cuidar a los ancianos de las residencias. Abramos los bares, que eso sí nos importa, y encerremos a los viejos en los asilos, no sea que nos «peguen» algo. Muchas voces defendiendo la libertad de los jóvenes de hacer lo que les dé la gana ( no vaya a ser que se traumaticen). Muy pocas, preocupándose de llevar a los ancianos de las residencias a los hospitales cuando surgió la Covid19. Y así todo. El culmen de la frivolidad, del culto a la estupidez, llegó cuando, en Madrid, Ayuso ganó las elecciones al grito de «libertad». Naturalmente, se refería sólo a la libertad de ir de cañas, pero parece que eso es lo que importa. Al menos, para sus votantes.

Ahora ya sabemos que, además de los hosteleros, protagonistas absolutos de las noticias durante la pandemia, también nos preocupan los ganaderos.

En semejante contexto, en un país donde no nos escandalizamos por los problemas reales ni salimos a la calle para defender nuestros derechos casi nunca, que no falte el escandalizarnos o, al menos, llevamos las manos a la cabeza cuando alguien osa opinar diferente que nosotros. Cómo extrañarse, así, de tal alboroto por una simple opinión. Menos carne, más vida es un eslógan. Igual que lo fue en su momento » el azúcar mata». Ya sabemos todos que eso sólo significa que el exceso de azúcar es malo. Sólo que, entonces, ni los productores de azúcar ni los reposteros parecieron ofenderse tanto.

Una legión de «cuñados», de esos señores que saben de todo, tertulianos y aprendices de tertulianos, se ha lanzado al cuello de Garzón sin piedad. Y el primero en atacar al ministro ha sido el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que, en un alarde de populismo y demagogia burdo, ha soltado aquello de que » un buen chuletón es imbatible«. No ha dicho nada su ministro ( que lo es) en contra de los chuletones, pero da igual. Olvidan los del PSOE la lealtad que suelen pedir a los de Podemos. A ver, que una cosa es que ellos nos la deban a nosotros y otra, por lo que se ve, muy distinta, que se la debamos nosotros a ellos, parecen decir, en un ejercicio de cinismo perfecto.

Y así es cómo nuestro Presidente ha dejado claro que no tiene nada que envidiar al insigne Aznar con aquel » a mí no me gusta que me digan las copas de vino que puedo o no beber«, emulándole con un argumento ( por llamarlo algo) igual de sólido: que no le hablen de salud. Donde esté un buen chuletón, quién va a pensar en cuidarse ni en cuidar el planeta.

Una vez que Sánchez ha abierto la veda contra Garzón, no ha faltado quien le acompañara en la caza y derribo al ministro. Faltaría más. Y así, Teodoro García Egea, ese señor conocido conocido por ser campeón de lanzamiento de huesos de aceitunas, publica una foto de una barbacoa en las redes y la titula «A tu salud». Como si lo que él comiera fuera a repercutir en la salud del ministro.

Y en la Sexta ( también llamada la secta), los de siempre opinan. Y el simpar periodista Inda saca a relucir el menú de la boda de Garzón y descubre ( oh, sorpresa) que había solomillo y aprovecha para criticar que hubiera bogavante. Porque todo el mundo sabe que, si eres comunista, sólo comes alfalfa. ¿ O lo que quieren dicen, en realidad, es que alguien de izquierdas no tiene derecho a comer marisco?

Y sale Marhuenda, presunto historiador, enfadado como siempre, contra los pijos. Cuánto resentimiento en este vocero del PP, qué infancia más dura debió pasar para que tenga tal complejo de inferioridad. Y llama al ministro hijo de franquistas. No importa si es verdad o no, ya sabes, calumnia, que algo queda. De todas formas, aunque lo fuera, que yo sepa, no hay delito que se herede, pasando de padres a hijos. Y, para culminar su argumentario, hace una afirmación tan sorprendente como la de decir que los representantes del PP y los del PSOE son obreros, no así los de Podemos. Ojo y miedo, que ese señor, dice él, es historiador.

Y, para que no falte nadie, aparece en pantalla el rey de los cuñados por excelencia, el presidente cántabro. Por cierto, ¿con las horas que pasa en televisión ese hombre, que no hay zápping que consiga librarte de él:¿ le da tiempo a ejercer la presidencia? Pues Miguel Ángel Revilla va más allá y acusa a Alberto Garzón de que quiere que comamos hamburguesas sintéticas y de estar al servicio de no se sabe qué lobby en pro de ni él sabe qué producto sustitutivo de la carne. Y, para terminar, le invita a comerse él esas hamburguesas imaginarias.

En una ocasión, hace años, se publicó la noticia de que Miguel Bosé tenía sida. Se trataba de decir, como el propio cantante dijo, «maricón, te hemos pillado». Algo así parece que hay detrás del ataque generalizado al ministro Garzón. Da igual que hable de carne o pescado. Lo importante es cómo un comunista se atreve a hablar de lo que sea. Y, sobre todo, por qué un comunista está en el gobierno. No hay más. Porque ya sabemos que los fascistas nos preocupan menos, mucho menos. Si ya hasta hay quien dice que ser fascista es «estar en el lado bueno de la Historia»

Decía Machado, describiendo nuestro país, España de charanga y pandereta. No me atrevo a repetirlo, por aquello de que, quizá, se sientan ofendidos los organizadores de fiestas y hasta los que tocan la pandereta, Dios me libre. España es así, un país en que todo puede ofendernos,. Un país, como se dice en Twitter, lleno de ofendiditos. Nos hemos vuelto gente con la piel muy fina.

Como decía un conocido, y empiezo a pensar que es verdad, en España no cabe un tonto más. Ni uno solo. Habrá que decir, como en una ruleta, » no va más».

Un comentario sobre "Por favor, camarero: un chuletón para el ministro Alberto Garzón."

  1. Me ha encantado tu última Varelada… Me siento totalmente identificado con tus palabras….. Un abrazo Ana que te vaya todo bien cuídate y disfruta de la vida

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