LA INVASIÓN DEL INGLÉS o por qué le llamamos beicon cuando podemos decir bacón


Esta mañana, al salir del portal camino del trabajo, un cartel en la fachada me ha golpeado en plena cara. Decía «Brunch in the park«. Os preguntareis, quizá, si vivo en Londres o, al menos, en un barrio periférico de la capital británica. Pues no: ni una cosa ni la otra. Pero nadie lo diría, viendo el cartel, inaccesible sin el traductor de Google, para la mayoría de mis vecinos. A ver, resido en un edificio donde habitan personas mayores en su inmensa mayoría y donde nuestros extranjeros son polacos, o europeos del este en general, latinos de todos los colores y algún que otro chino y africano. Variedad hay, a qué negarlo. Ahora, por San Fermín, al sur de Madrid, ni ingleses ni norteamericanos se asoman. No hay playa y lo más atrayente para los posibles turistas es la Caja Mágica y, si las cosas van mal, el Hospital 12 de octubre queda cerca. Vamos, que por mi barrio, por si no ha quedado claro, no hay ingleses ni turistas en general. Ni están ni se les espera. Así que leí el cartelito asombrada, esperando, deseando, casi rogando que se tratara de una broma. «Alucino pepinillos«, como diría Chicote. Mientras, a mi espalda, alguien farfulla entre dientes «qué-coño-es-brunch«, así, todo seguido, que a lo de traducir «park» ya llega cualquiera, más que nada por similitud con la palabra en español. Más tarde me di cuenta de que no sólo en el portal, sino también en los anuncios colgados por todas partes el desayuno-almuerzo (pues eso y no otra cosa es el «bruch» de marras), viene anunciado como «Bruch in the park«.

Mi mañana ha continuado subiéndome al metro. La locución para advertirnos a los viajeros de dónde y cómo comprar los billetes o de las obras en tal o cual estación se dice en español y también en inglés. Miro a mi alrededor. No son ni las 8 de la mañana y no veo ningún turista en los alrededores del andén. Como todas las mañanas, a esas horas, en los vagones del suburbano viajamos personas que vamos a trabajar, dormidas, malhumoradas o las dos cosas a la vez, y que agradeceríamos más el aire acondicionado dentro de los repletos y sofocantes vagones que las clases de inglés improvisadas y a la fuerza.

Pero la cosa no ha acabado aquí. En el trabajo, me esperaba una sesión de formación. En la conferencia (el conferenciante la llamó «workshop«, poniendo cara de «no consigo recordar la palabra en español, porque ya pienso en inglés todo el tiempo«), el ponente nos abrasó a términos perfectamente traducibles al castellano. Al cabo de un rato, la formación se volvió un ejercicio de traducción de la terminología inglesa al amado castellano. Entre averiguar quiénes eran los «cochairs» del evento del que nos hablaban (vamos, quiénes eran los copresidentes); de qué hablaba el «report» (para qué llamarlo informe, con el tonito que nos da decirlo en inglés) y por qué el hombre se empeñaba en decir que las prácticas eran «unillateral», con lo sencillo que era decir lo mismo en castellano, a algunos nos costó lo indecible entender si, al final, la empresa estaba incurriendo en el delito de «loyalty inducing», es decir, si trataban de fidelizar al cliente con prácticas irregulares. Y todo regado con generosas referencias al «market place» ( el mercado en tiendas en línea, aunque me temo que ya se entiende mejor si digo, directamente, on line), y a sistemas de comparación que llaman «benchmark»: todo esto, por no poner más que algunos ejemplitos. No, la conferencia no me resultó nada «friendly», que dicen ellos, por no decir accesible, amistosa. Y, al final de la charla, me he preguntado si de verdad hemos aprendido algo con la formación teniendo que acudir al traductor de Google o al diccionario inglés-español más a mano constantemente. Así que, en el trabajo, también, he mirado a mi alrededor para cerciorarme de que de verdad estaba en Madrid, la capital de España. En efecto, Madrid, calle Barquillo, en pleno Chueca y yo, y alguno más de mis compañeros, sintiéndonos extranjeros sin movernos de casa. Yo, que salvo una breve incursión en Portugal, nunca he viajado al extranjero porque siempre me ha echado para atrás el tema del idioma, me encuentro que ahora, no necesito viajar para sentir que soy como una isla, sólo que en vez de rodeada por el agua, es el inglés el que me persigue. Por todas partes. Mi única esperanza, a estas alturas, es que, como dice mi amigo Aitor cuando le persigue la inteligencia, el idioma me persiga pero yo sea más rápida para escapar de él.

Forges no exageraba
Este video me recordó la conferencia de esta mañana en el trabajo

El inglés es el nuevo idioma común. Y mientras, en España, algunos puristas temen que el catalán o el valenciano, el gallego o el euskera coman terreno al castellano, se nos escapa el peligro real, al que apenas ninguno nos resistimos (no vayan a llamarnos retrógrados o ignorantes) y que, ese sí, se cuela a grandes zancadas en el español. Porque el inglés está ya por todas partes. En la publicidad, muchos carteles y casi todos los eslóganes, son ya en inglés. Y le llevamos la contraria al «Impossible is nothing» de Adidas porque sí hay cosas imposibles. Una de ellas, escapar del amor por el inglés que nos invade. Porque queremos pensar diferente, y Apple nos invita a hacerlo, pero en el inevitable inglés, «Think different«. Queremos seguir hablando en español, porque es nuestro idioma. Y, al final, no podemos amar el idioma extranjero ni quienes lo hemos estudiado siempre como una lengua extranjera, que es lo que es y debería seguir siendo. No, no lo amamos tanto como querría Mc Donald, con su «I´m loving it«. ´Porque ya sólo nos queda parafrasear a George Clooney y gritar un «¿Qué más?», traduciendo su «What else?» Así que, no lo niegues, en la publicidad, el idioma se ha impuesto. Excepto en los perfumes, que siguen prefiriendo el francés, aún asociado a la elegancia, por lo visto, vedada a los británicos, por lo que sea.

Todo sucede en inglés. El idioma reina en la ciencia, en la moda y en las redes sociales. Ya ni te puedo decir que un tuit es un piar de pájaro, un gorjeo, porque ya se ha impuesto el palabro en inglés y hay luchas que ya están perdidas, la verdad. No ha hecho falta para ello que el tema se debata en ningún foro. Simplemente, el inglés ha acabado por imponerse por la vía de los hechos. Porque los españoles podemos ser muy patriotas (algunos) pero lo somos para defender nuestras fronteras, nuestro territorio o el castellano frente al resto de lenguas cooficiales, eso sí. Pero nos importa menos, bastante menos, si es el inglés el que come el terreno al español.

Ya hace tiempo que decimos on line, con lo sencillo que es decir en línea, y que ni nos molestamos en saber cómo se dirá podcast en español, porque todos sabemos ya lo que es, para qué vamos a molestarnos en traducirlo. Y alabamos el «look» de alguien y hasta hay cursis que lo medio españolizan y hablan de lookazo. Y el gran Wyoming habla en su programa de su vestimenta y dice «outfit«. Y ya casi nada nos extraña, en este nuevo español salpicado de inglés a cada paso. Pero yo no puedo evitar seguir preguntándome si los ingleses salpican su idioma de palabros castellanos. Es una pregunta retórica, por supuesto.

Pues estamos de acuerdo. señor García Montero

Mientras la preocupación por la improbable colonización del español por parte de los otros idiomas cooficiales despierta los más fervientes sentimientos patrios pro-castellano y contra catalán-gallego-valenciano-euskera, nos volvemos más humildes cuando la colonización real viene de afuera. Dicen que no hay peor cuña que la de la misma madera. Y eso parece si juzgamos la vara de medir con que medimos el peligro que suponen para el castellano las lenguas que se hablan en otros lugares de España, sin que, nunca, se deje de hablar en ellas el español, con la que usamos para medir el espanglish con el que hablamos muchos demasiado a menudo. Como dicen algunos académicos de la RAE, ahí pecamos de papanatas, una mezcla peligrosa de acomplejados y esnobs. Con el inglés, el orgullo patrio lo guardamos en el desván, con el resto de las cosas inútiles que ya no usamos. Digamos que es un orgullo que sacrificamos gustosos en aras de nuestro complejo de inferioridad de europeos del sur, más cercanos a África que a la Europa presuntamente más educada y cultivada.

Para mí, nada de esto es nuevo, viene de lejos. Mi primer choque cultural con el inglés fue por culpa del beicon. La primera vez que oí a alguien llamar beicon al bacón de toda la vida no lo entendí. Se ve que el cerdo sabe mejor cocinado a la británica, me dije. Pero no, el alimento era el mismo aunque se pronunciara distinto. Así que, me dije, por qué había que adaptar a la pronunciación inglesa una palabra que existía y era perfectamente entendible en español. Todavía lo entiendo menos si lo analizo. Por si no lo sabéis, en español y en inglés, la palabra es la misma y se escribe igual , sólo que en inglés no lleva tilde. Para más inri, el bacón proviene del término latino baco-baconis. La única diferencia es que en ingles se pronuncia «beicon«. Pues nada, se ve que alguien se dijo, vamos a pronunciarla nosotros, los españolitos de a pie, también a la inglesa. Y, entonces, llega la RAE y, en el colmo del absurdo, admite el beicon en el diccionario. Y yo me pregunto ¿para qué?, ¿qué aporta el beicon al bacón?. Así son los señores y señoras académicos, tan reacios a admitir otras palabras más necesarias y usadas entre las sagradas páginas de su biblia particular. No sé si os dais cuenta: hemos creado una palabra sólo para imitar a los británicos. ¿Así de serviles somos con el Imperio? Parece que sí.

RAEanglicismoalternativa en español
thrillerpelícula/novela de suspense
tráileravance
nocelebrityfamoso
bacon, *beicontocino, panceta
Ahí lo tienes, entre los anglicismos aceptados por la RAE

Ya veis, ni la RAE se libra. Aunque la Real Academia, de vez en cuando, pone el grito en el cielo y tacha de «papanatismo» el uso del inglés y osa, de cuando en cuando, publicar una lista de anglicismos traducidos al idioma español en una batalla perdida de antemano, acto seguido, ella misma acepta en su diccionario términos en inglés totalmente innecesarios, consolándose pobremente con castellanizar los palabros.

Hay batallas que el español ha perdido ya definitivamente. Pide la carta en un Mc Donald o un Burguer King y te darás cuenta de que entre el «chicken«, el «steakhouse» y el «cheese» has acabado por no saber lo que pides. Encima, el sabor, a menudo, no te dará muchas pistas de lo que estás comiendo.

Dirás ( ya lo hacemos muchos ) que alguien ocupa el puesto de community manager o es el CEO de una empresa . A ver para qué vamos a molestarnos en decir que uno es la persona que gestiona las redes sociales y el otro, el director ejecutivo. Si lo dices en inglés, el cargo tiene más envergadura, o eso nos parece. En inglés, todo suena mejor, ¿ verdad? Así de bobos somos.

Hoy día, en el mundo, el inglés es el idioma más hablado. Nada hay de malo en ello. No lo es por el número de nativos ( no llegan a 400 millones) sino porque es el idioma que más gente quiere aprender. El inglés ha ganado la guerra del idioma en el mundo. Y puede que no esté mal que sea así. Dicen que con el inglés se va a todas partes. Así que aunque no conducimos por la derecha ni usamos la libra, hay que reconocer que los británicos han logrado, como poco, convertir su idioma en el nuevo esperanto. Y que la gente quiera aprender inglés esta bien. Otra cosa, muy distinta, es que nos volvamos locos todos convirtiendo nuestras lenguas propias en una especie de sándwich mixto, salpicando nuestro idioma de anglicismos innecesarios.

Aprender inglés, pero no para mezclarlo con el español, por favor

No vamos a entrar en si el español es más rico, más bonito, o mejor. Simplemente, es nuestro idioma. Y respetarlo sin considerarnos por ello inferiores está en nuestra mano. Basta con intentarlo. Si no, al final hablaremos todos como nuestra representante en Eurovisión de este año, una mezcla extraña de inglés y español, intraducible para la mayoría.

Aquí os dejo la letra de la canción de Chanel. Y, ahora, decidid si así queremos hablar en adelante. Pensadlo: os lo recomiendo con este escrito (algunos ya lo llamareis «post», lo sé) desde este diario en línea que la mayoría nos empeñamos en llamar «blog«.

Letra de ‘SloMo’

Let’s go! Llegó la mami

La reina, la dura, una bugatti

El mundo está loco con este party

Si tengo un problema, no es monetary

Yo vuelvo loquito a todos los daddies

Yo siempre primera, nunca secondary

Apenas hago doom, doom

Con mi boom, boom

Y le tengo dando zoom, zoom

Por Miami

Y no se confundan

Señora y señore

Yo siempre toy ready

Pa romper cadera, romper corazones

Solo existe una

No hay imitaciones

Y si aún no me crees, pues me toca mostrárselo

Take a video

Watch it SloMo, mo, mo, mo, mo

Booty hypnotic

Make you want more, more, more, more, more

Voy a bajarlo hasta el suelo, lo, lo, lo, lo

If you wish, you could do this dembow

Drives you loco

Take a video, watch it SloMo

Te gusta todo lo que tengo

Te endulzo la cara en jugo de mango

Se te dispara cuando la prendo

Hasta el final, yo no me detengo

Take a sip of my cola-la

Un poco salvaje na-na-na

Make it go like pa-pa-pa

Like pa-pa-pa-pa

Y no se confundan

Señora y señore

Yo siempre toy ready

Pa romper cadera, romper corazone

Solo existe una

No hay imitaciones

Y si aún no me crees, pues me toca mostrárselo

Take a video

Watch it SloMo, mo, mo, mo, mo

Booty hypnotic

Make you want more, more, more, more, more

Voy a bajarlo hasta el suelo, lo, lo, lo, lo

If you wish, you could do this dembow

Drives you loco

Take a video

Watch it SloMo, mo, mo, mo, mo

Booty hypnotic

Make you want more, more, more, more, more

Voy a bajarlo hasta el suelo, lo, lo, lo, lo

If you wish, you could do this dembow

Drives you loco

Y no se confundan

Señor y señore

Yo siempre toy ready

Pa romper cadera, romper corazones

Solo existe una

No hay imitaciones

Y si aún no me crees, pues me toca mostrárselo

Take a video

Watch it SloMo, mo, mo, mo, mo

Booty hypnotic

Make you want more, more, more, more, more

Voy a bajarlo hasta el suelo, lo, lo, lo, lo

If you wish, you could do this dembow

Drives you loco

Take a video

Watch it SloMo

Tampoco es para ponerse así, señor Pérez Reverte.

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