La RAE se rinde al lenguaje de la calle: de palabras, palabros y meteduras de pata de la RAE.


En julio, la RAE nos despertó con la asombrosa noticia de que IROS era correcto. Lo  admitió como nuevo  imperativo del verbo IR. La revolución en las redes fue tal, que la Academia publicó una nota explicativa en su web para aclarar que no habían cambiado la forma imperativa IDOS/IOS por IROS, sino que, atendiendo a cómo se hablaba en la calle, IROS también valía.  Ahora, la RAE se descuelga diciendo que en diciembre meterá en el diccionario  POSVERDAD, esa otra forma de llamar a la mentira.

La Academia ha llegado a debatir meter en su diccionario la palabra «finde». Y en la lista de espera para entrar están «meme» y la ofensiva «feminazi» acuñada por los machistas ofendidos. Eso, por no hablar de los vulgarismos o expresiones coloquiales  que empiezan a inundar el diccionario. Palabras como almóndiga, asín, toballa, murciégalo aparecen en el diccionario de la RAE. Algunos empezamos a perder la cuenta de lo que es vulgar, pero válido, y de lo que es vulgar e incorrecto. Al final, le vamos a tener que decir a la RAE aquello de «ahora que sabíamos decir pinícula, resulta que se dice flim» 

Qué decir de los extranjerismos que nos invaden: algunos españolizados y otros sin españolizar. Aquí vamos del  bluyin ( busca, busca en el diccionario el significado y pásmate) al lunch pasando por el popular y ya inevitable coach. No tardaremos mucho en ver «espoiler»  o «follower» que, o mucho me equivoco, o enseguida estarán en el diccionario, al igual que «wasapear«.

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Todo vale. La RAE se ha rendido al lenguaje de la calle, traicionándonos a los que  pensábamos que el diccionario estaba para recoger lo correcto y que su palabra era poco menos que la palabra de Dios, la Biblia de la Lengua. Cuántas veces miramos el diccionario para ver lo que la RAE da por válido o por correcto. Los que nos hemos criado creyendo que la RAE nos informaba de lo que estaba bien dicho, nos encontramos ahora con que los académicos se refugian en un «nosotros solo somos notarios». Vamos, que se limitan a incluir lo que tiene un uso generalizado y sostenido en el tiempo. Y se quedan tan anchos.  Pues como tomen nota de todo lo que se dice en la calle, ya deberían haber entrado en el diccionario, palabras como «amoto«, «arrascar» ( total, arremangarse vale) o «amarrón«. Con esa base, cualquier día «cocreta» aparecerá en el diccionario. Y para cuándo «dijistes», «andó» y otras tantas incorrecciones que se oyen por ahí. Un poquito de criterio, por favor.

Y, encima, Arturo Pérez Reverte, todo un señor académico, nos saltaba en julio con un chulesco tuit (sí, tuit ya está en el diccionario)

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